- Metafísica de los tubos (Métaphysique des tubes, 2000)
- Ni de Eva ni de Adán (Ni d'Ève ni d'Adam, 2007)
- Estupor y temblores (Stupeur et tremblements, 1999)
- La nostalgia feliz (La nostalgie hereuse, 2013)
- Little Amélie, dirigida por Mailys Vallade y Liane-Cho Han Jin Kuang (anime, 2025)
- Japón eterno, de Amélie Nothomb y Laureline Amanieux (Le Japon éternel, 2024, entrevista-diálogo) (opcional)
“Todo lo que amamos se convierte en una ficción. De las mías, la primera fue Japón. A los cinco años, cuando me arrancaron de allí, empecé a contármelo a mí misma. Las lagunas de mi relato no tardaron en incomodarme. ¿Qué podía decir yo del país que creía conocer y que, con el transcurrir de los años, se iba alejando de mi cuerpo y de mi mente?.” La nostalgia feliz, p. 7.
Comenzamos nueva temporada con un monográfico sobre la escritora belga Amélie Nothomb y su larga y especial relación con Japón. Desde su debut a principios de la década de 1990, Nothomb ha escrito sobre Japón de forma indirecta, oblicua y obsesiva.
“La mirada es una elección. El que mira decide fijarse en algo en concreto y, por consiguiente, a la fuerza elige excluir su atención del resto de su campo visual. Ésa es la razón por la cual la mirada, que constituye la esencia de la vida, es, en primera instancia, un rechazo.” Metafísica de los tubos, p. 17.
Su familia vivió allí mientras su padre embajador de Bélgica. Esa infancia es la que rememora en Metafísica de los tubos. En ella cuenta los primeros tres años de vida de un ser obsesionado por el agua que, disconforme con su entorno, adopta la inerte forma de tubo como condición existencial. Con la crueldad, el realismo y el peculiar humor al que nos tiene acostumbrados, Amélie Nothomb rememora, a través de una narración que combina filosofía y fontanería, episodios de su infancia japonesa, transcurrida en Osaka. Un libro con un arranque muy simbólico en el que los directores Mailys Vallade, Liane-Cho Han Jin Kuang se han inspirado para su hermosa película Little Amélie.
Cuando Amélie cumple 21 años regresa a Japón y allí tiene su primera experiencia laboral en una empresa. Situación que relata en su conocida obra Estupor y temblores. Al mismo tiempo vive una historia de amor con un joven japonés que traslada a la narración en su novela Ni de Eva ni de Adán.
“No era el japonés típico. Por ejemplo, había viajado muchísimo, pero siempre solo y sin cámara de fotos.
--Son cosas que no cuento a los demás. Si mis padres hubieran sabido me que marchaba solo, se habrían preocupado.
--¿Habrían pensado que estabas en peligro?
--No. Se habrían preocupado por mi salud mental. Aquí, que te guste viajar sin compañía es pasar por loco. En nuestra lengua, la palabra “solo” contiene una idea de desesperación.” Ni de Eva ni de Adán, p. 60-61.
«Todo lo que amamos se convierte en una ficción. De las mías, la primera fue Japón.» Con esta estimulante frase Amélie Nothomb abre La nostalgia feliz.
En la novela, la belga retoma el hilo de Ni de Eva ni de Adán, la narración de un idilio de juventud con Rinri. Dieciséis años más tarde, Nothomb acepta la invitación de una televisión francesa de regresar a su país natal. Allí no sólo se reencontrará con Rinri, sino también con su niñera, Nishio-san.
Cada libro es aparentemente independiente, pero juntos forman un ciclo narrativo ininterrumpido.
“El antiguo protocolo imperial nipón establece que uno deberá dirigirse al Emperador con “estupor y temblores”. Siempre me ha encantado esta fórmula, que se corresponde perfectamente con la interpretación de los actores en las películas de samuráis, cuando se dirigen a su superior con la voz traumatizada por un respeto sobrehumano.
Así pues, adopté la máscara del estupor y comencé a temblar. Sumergí mi mirada llena de espanto en la de la joven mujer y balbuceé:
-¿Cree usted que me admitirían como basurera?
-¡Sí! –dijo con un entusiasmo quizás excesivo.
Suspiró profundamente. Lo había conseguido.” Estupor y temblores, p. 131-132.





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