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domingo, 1 de febrero de 2026

Animales que nos acompañan

Makoto Shinkai, Ella y su gato (Kanojo no kanojo no neko: Their Standing Points, 1999) OVA
Makoto Shinkai y Naruki Nagakawa, Ella y su gato (Kanojo no kanojo no neko, 2013) Novela
Makoto Shinkai y Yamaguchi Tsubasa, Ella y su gato (Kanojo no kanojo no neko, 2016) Manga
Kazuya Sakamoto y Naruki Nagakawa, Ella y su gato (Kanojo no kanojo no neko: Everything flows, 2016) Anime

Seishu Hase, El chico y el perro (Shonen to inu, 2020)


En ocasiones, las obras seleccionadas para una sesión dialogan con las elegidas en otras. A veces, el tema explícito viene unido a otro que, pese a no ser citado en el título, nos interesa abordar durante la tertulia. Por ejemplo, las dos obras propuestas, pese a su clara intención de generar determinadas emociones en el lector, consiguen eludir la categoría de relatos sanadores que analizamos hace poco... aunque compartan estructura: historias independientes que se vinculan a través de un personaje común; cierre circular, vinculando el inicio con el final. Y la primera de ellas es el ejemplo más claro de cómo una misma idea puede transformarse y crecer cuando pasa de un formato a otro.

Desde que era un niño, siempre he tenido gatos conmigo. Soy de la prefectura de Nagano, y mientras vivía allí tenía gatos, y al venir a Tokio comencé a recoger y criar algunos gatos callejeros.
Entrevista a Makoto Shinkai en Anime News Network 
Siento que repito el tema de Ella y su gato una y otra vez, en especial en El jardín de las palabras.
Declaraciones de Makoto Shinkai recogidas en Febri
Ella y su gato, la primera obra de Makoto Shinkai (5 centímetros por segundo, El jardín de las palabras, Your name) fuera de la industria de los videojuegos, es un corto realizado en solitario con medios digitales -el dibujo de los personajes se combina con técnicas 3D en las imágenes de fondo, que son fotografías editadas-. Aunque sus películas son en color y aquí -por limitaciones de presupuesto- utiliza blanco y negro, ya encontramos la estética, planos, clima generado a partir de elementos urbanos y sensibilidad que caracterizan al director japonés. La novela replica buena parte de los textos de esta OVA, que en menos de cinco minutos recorre un año en la vida de Chobi, Miyu y Mimi. Inicialmente distribuida por el propia autor en formato CD (¡eran otros tiempos!) le permitió ganar el 12º CG Animation Contest para jóvenes creadores.
La serie de animación, también muy breve, sirve como precuela de la anterior. Las sombras son sustituidas por colores más amables y relajados, acordes con el tono de la historia. Por su parte, el manga parece querer acercarse mucho más a la estética del corto.
Aunque cada una de las obras explora elementos diferentes de un pequeño universo, coinciden en su tono melancólico, destacan la vulnerabilidad de los personajes y abordan los mismos temas, aunque con distinta intensidad: la soledad, la precariedad que conlleva independizarse e incorporarse al mercado de trabajo, el deseo de encontrar un lugar y sentirse parte de la sociedad, las expectativas sobre los afectos... Me interesa, sobre todo, cómo reflexiona acerca de la naturaleza de la comunicación: qué contamos u ocultamos, las dificultades para expresarse, cómo esas decisiones y limitaciones afectan a las relaciones. Aquí saca partido a los gatos narradores, que contrastan con las voces humanas y, pese a no ser capaces de comprender del todo las reacciones de sus dueñas, sí identifican, desde una mirada inocente, sus estados emocionales.
Aunque el final de la novela plantea un cierre satisfactorio para las historias, no cae en finales perfectas gracias a que solo muestra un momento de la vida de las protagonistas, sin destinos cerrados.
Si tenéis o habéis convivido con gatos, ¿aparece bien reflejada su conducta?

—Vuestra magia no consiste solo en hacernos sonreír. Es el valor y el cariño que nos transmitís únicamente con estar a nuestro lado.
El chico y el perro
John, el perro cuasi divino, sabio y compasivo que aparece en Ella y su gato, tiene continuidad en Tamon. De nuevo, lo que podría haberse deslizado hacia el terreno fácil de la «novela para sentirse bien» es, en realidad, una exploración sin demasiadas concesiones de la fragilidad humana. No solo por presentar de manera recurrente las consecuencias del gran terremoto de 2011 (también reflejadas en Recuerdos desde Fukushima) y del de Kumamoto en 2016. Sino, en especial, porque las seis historias entrelazadas nos ponen delante el hecho de que no podemos escapar de los condicionantes sociales y de circunstancias que no controlamos, y que desear no es sinónimo de conseguir -la pronoia es una creencia irracional demasiado extendida-.
Además, El chico y su perro vuelve a hablar de soledad, compañía y cuidado (hay varias referencias a la importancia de la manada), el significado del contacto físico y la necesidad de valorar los pequeños momentos de felicidad.
La novela original también ha sido adaptada al manga y, recientemente, en una película.
¿Creéis que el relato describe con precisión cómo nos comportamos con los perros?

sábado, 8 de febrero de 2025

Vidas

Hiromi Kawakami, De pronto oigo la voz del agua (Suisei, 2014)
Shohei Imamura, Agua tibia bajo un puente rojo (Akai hashi no shita no nurui mizu, 2001)
Kenji Kamiyama, Ancien y el mundo mágico (Hirune Hime: Shiranai Watashi no Monogatari, 2017)
 
Las tres obras que hemos agrupado para esta sesión comparten el mismo riesgo a la hora de ser interpretadas: que un elemento narrativo -el parentesco entre los protagonistas, una peculiaridad fisiológica, el tono cómico, fantástico o juvenil- escondan la profundidad de los temas abordados. Y es que sus autores exploran, entre otros, la complejidad de las relaciones humanas, describiendo también el contexto sociohistórico de Japón.
Saberlo todo de alguien. ¡Qué cosa más terrible! Mamá habría dicho algo así, supongo. De hecho, recuerdo que una vez murmuró: «No me gustaría saberlo todo de alguien, me daría miedo. Ni siquiera quiero saberlo todo de mí.»
Kawakami (El cielo es azul, la tierra es blanca, Algo que brilla como el mar) emplea en la historia de Miyaki y Ryo los mismos recursos que en otras de sus exitosas novelas: el potencial evocador y simbólico de los sentidos, un tono a veces lírico, la presencia constante del deseo y del afrontamiento de la soledad como fuentes de conflicto interno, la búsqueda de la identidad en las mujeres, una mirada que se centra más en las percepciones que en la acción, la importancia del espacio físico para marcar el tono emocional del relato...
(¿Dolor, placer?)
(Es lo mismo.)
(No hace falta preguntarse por el significado.)
(Porque siempre se escapará algo, o, por el contrario, algo se insinuará.)
En De pronto oigo la voz del agua esos elementos nos llevan a sus temas centrales: la relación problemática con la memoria y la nostalgia, cómo lo no dicho determina las relaciones familiares, el peso de la familia de origen. La turbulencia interna de los protagonistas, su incertidumbre y fragilidad, se reflejan en los hitos históricos que son citados en la novela. Contrastan, sin embargo, con la aceptación que muestran los personajes secundarios respecto a la conducta de los protagonistas.

Agua tibia bajo un puente rojo
tiene algo del retrato sociológico y la mirada costumbrista, teñida de empatía con los personajes menos afortunados de la sociedad, de Jacques Tati o Aki Kaurismaki. Aunque Shohei Imamura -director de Lluvia negra, La balada de Narayama o La anguila, que comparte reparto protagonista y complementa la película que hemos seleccionado- añade aquí elementos oníricos y fantásticos, además de un humor gamberro en la representación del sexo. 
Lo que se nos cuenta va más allá de la comedia romántica. Describe la situación de la sociedad japonesa en los años noventa, marcada por la crisis de crecimiento económico tras el estallido de la burbuja inmobiliaria. El periplo de Yosuke, víctima de un mercado de trabajo capitalista que excluye sin contemplaciones a quienes le han servido durante años, parece personificar el lento proceso de recuperación del país. Nos muestra a quienes lo han perdido todo -incluso el hogar-, sus estrategias de supervivencia y cómo intentan mantener la dignidad. Además, el guion plantea, por boca de sus personajes, dos cuestiones clave: la naturaleza del mundo -que se explora en el Super-Kamiokande- y qué actitud elegir ante una vida finita y frágil. Imamura opta claramente por la búsqueda del placer compartido -Saeko convierte su «enfermedad» en un elemento de conexión positiva-, la sinceridad y la confianza como pilares de cualquier relación y, por supuesto, la alegría.
Ancien y el mundo mágico es, en el fondo, un relato clásico de iniciación, en el que Kokone configura su identidad y genera una nueva relación con su padre y abuelo cuando descubre el pasado familiar (una anagnórisis que lo enlaza con la novela de Kawakami).
Kenji Kamiyama recuerda a animes ya vistos en la tertulia (El niño y la bestia, Perfect Blue) cuando entrecruza mundo ficticio y realidad, difuminando los límites entre ambos planos al permitir que se influyan mutuamente. También conecta con los muy habituales mecha de la animación japonesa, como Mazinger Z.
Al igual que en las obras anteriores, en ese marco se abordan cuestiones de interés: las relaciones entre tradición y modernidad -¿huye el relato del optimismo tecnológico sin matices?-, las diferencias de clase en una sociedad que obliga al consumo permanente -el mundo distópico del inicio no se aleja tanto del nuestro-, o la importancia de las ficciones para reflejar vivencias, deseos y conflictos -como hacen la protagonista y su padre-.

martes, 10 de diciembre de 2024

Kisetsu

Inaba Mayumi, La península de las veinticuatro estaciones (Hantô e, 2011)
Hirokazu Kore-eda, Nuestra hermana pequeña (Unimachi Diary, 2015)
Isao Takahata, El cuento de la princesa Kaguya (Kaguya-hime no Monogatari, 2013)

¿Qué significa la palabra japonesa kisetsu? Refleja la tradicional atención prestada por la cultura japonesa al ciclo continuo de las estaciones y a los cambios que genera en el entorno. Una hipótesis para explicar este interés recurre al cultivo tradicional del arroz -siembra en primavera, trasplante a zona húmeda y crecimiento en verano, recolección en otoño-, que convirtió hace tres milenios a su población en observadora continua del clima.
Nada que no se haya repetido en muchas otras civilizaciones. Sin embargo, esa relación especial parece querer mantenerse siglos después en una cultura casi por completo urbana a través de varios festivos oficiales (Día del equinoccio de primaveraDía de la naturalezaDía del marDía de la montañaDía del equinoccio de otoño). Aunque en algunos casos se trate de intentos de reemplazar, a partir de la segunda mitad del siglo XX, celebraciones con contenido religioso o político.
Por nuestra parte, intentamos imitar esta mirada hacia el ciclo de las estaciones con tres obras en las que, de manera más o menos explícita, el paisaje cambiante es protagonista y/o escenario.

Las cuatro estaciones marcan el ritmo de nuestra vida cotidiana; más bien, las veinticuatro estaciones. Todo cambia, todo pasa. No es el hombre el que añade o resta, sino la naturaleza. 
¿En qué genero(s) podemos situar La península de las veinticuatro estaciones? ¿Se trata de un ejemplo más de las novelas sobre la naturaleza (nature writing) que han recuperado popularidad en la última década? ¿Un ensayo? ¿O un ejercicio de autoficción?
Solamente el agua que cambia su curso es capaz de sobrevivir, incluso en tierras áridas.
Inaba Mayumi contrapone en sus páginas la ciudad -con estímulos excesivos y permanentes que actúan como refugio ante el anonimato al que aboca a sus habitantes- con el entorno rural. Una observación atenta de los detalles y la toma de conciencia sobre el exterior permiten descubrir a su narradora nuevos aspectos de la existencia, otra interpretación de la realidad y formas de acceder a una vida mejor. Así, la naturaleza actúa como metáfora y vía de descubrimiento, mientras que el texto se convierte en un ejercicio práctico al exigir (o llevarnos a) una lectura reposada.
Los días en la península son como márgenes en blanco de mi propia vida. (...) Solo aspiro a conseguir el máximo margen para vivir sin complicaciones, un espacio en blanco.

Recuerdo mis primeros tiempos en la península: siempre fuera, ocupada y obstinada en desbrozar y arrancar los tallos hikobae que crecían alrededor de los troncos.

Puede que llegue una mañana en que, como el señor Okamura, también yo comience a caminar tambaleándome. Es posible incluso que pierda fluidez en el habla. La vida humana es una estrella fugaz.
El libro aborda temas centrales de nuestro presente, como el sentido de mantener a cualquier precio un ritmo de vida acelerado, la aceptación del envejecimiento y la necesaria conciencia sobre la mortalidad. Pero quizá se pueda echar en falta una reflexión sobre las dificultades para establecer límites entre la naturaleza y su modificación al gusto de las personas que habitan ese entorno -algo que sí vimos en El hombre que salvó los cerezos, ensayo histórico de Naoko Abe-. También parecería necesario hacer explícito que la forma de vida que propone es solo posible para unos pocos (no, por ejemplo, para las obreros que construyen las nuevas viviendas en el bosque).

En Nuestra hermana pequeña la cámara destaca la belleza de hitos que marcan el paso de las estaciones: el calor del verano del primer encuentro con Suzu, las lluvias que anuncian el final de esa estación, las hojas caídas en el otoño, el inicio de curso y los cerezos en flor de principios de abril, la recolección de las ciruelas y los fuegos artificiales de Kamakura en julio.
Basada en el inicio del manga Unimachi Diary (publicado recientemente en España como Nuestra hermana pequeña: Diario de una ciudad costera) y contagiándose quizá de esa estructura episódica, Kore-eda vuelve a algunos de sus temas favoritos: los lazos que acercan a personas más allá de los posibles vínculos biológicos directos, hasta que llegan a constituir una familia; el proceso de maduración personal y la sabiduría, apoyada en la inocencia, que albergan sus protagonistas más jóvenes. Las conversaciones diarias, las diferentes dinámicas de relación entre los personajes y el papel fundamental de la comida -símbolo del cuidado y de los espacios de disfrute compartidos- son los elementos con los que crea un nuevo retrato de lo cotidiano.

El cuento de la princesa Kaguya
adapta una leyenda tradicional clave en la literatura japonesa, El cuento del cortador de bambú. Perfeccionando la técnica que conocimos en Mis vecinos los Yamada, los dibujos parecen láminas o lienzos pintados con acuarela, tinta negra y carboncillo, con una gama de colores que pasa de los tonos pastel a los más oscuros según las emociones de su protagonista.
Este anime conecta con elementos de la novela que hemos leído, más allá de las referencias al crecimiento del bambú. Vuelve a presentar lo rural y lo urbano como formas de vida contrapuestas (autenticidad y sencillez frente a artificiosidad y dependencia de los bienes materiales), además de retratar con detalle el ciclo de cambio constante -vida, muerte, vida- de las estaciones y los descubrimientos -quizá pequeños en tamaño, pero grandes en simbolismo- que podemos hacer si trasladamos el ritmo lento de la película y su voluntad de observación a nuestra práctica cotidiana.

miércoles, 11 de septiembre de 2024

Fantástico y cotidiano

Hiroko Oyamada, Agujero (Ana, 2014)
Yukiko Motoya, Selección automática (Anata ni ososume no, 2021)
Hiromasa Yonebayashi, Arriety y el mundo de los diminutos (Karigurashi no Arrieti, 2010)

La introducción de elementos extraños o fantásticos dentro de la vida cotidiana es un recurso narrativo familiar para el club de lectura. Por ejemplo, nos hemos encontrado con él en algunos relatos de autoras contemporáneas, animes (Your name, Wolf children) o películas como Nagasaki. Recuerdos de mi hijo. Incluso le dedicamos al género una sesión específica, en la que ya leímos relatos de Yukiko Motoya; esta vez, os proponemos obras que hablan, entre otras cosas, sobre comunicación e incomunicación.

Hace pocos meses, al comentar novelas que reflejaban la experiencia de la soledad, recordamos cómo Julio Cortázar defendía la eliminación de las fronteras entre lo que consideramos real y lo mágico, para permitir que lo segundo influyera en nuestras vidas. Aunque no lleguemos tan lejos, podemos comprobar en las historias de Hiroko Oyamada que añadir elementos fuera de lo común nos permite ver con más claridad lo que, por habitual, hemos dejado de percibir.
La escritora japonesa ha planteado la misma idea en varias entrevistas: «Lo real y lo fantástico, lo ordinario y lo extraordinario son indisociables. Aquello que hemos creído siempre ordinario y real también puede contener algo extraño y casi delirante» (eldiario.es); «En nuestras vidas cotidianas ordinarias hay un elemento de lo extraño, de lo inusual, tal vez de locura. Todas estas cosas forman parte de nuestra vida, pero creo que lo que sucede es que muchas veces nos acostumbramos a ello en el transcurso de nuestras vidas y no las vemos o no nos percatamos de ellas» (JFNY Literary Series).
«(...) Yo creo que no tienen interés. O puede que no lo vean, simplemente (...) No son el tipo de persona que se va  fijando en un animal que camina por ahí, en la cigarra que vuela por allá, en el trozo de helado caído en el suelo, en el hikikomori. No se fijan. Son personas que no miran, vaya. Los que no quieren ver no ven. También hay muchas cosas que tú no estás viendo.»

«(...) me parece enfermizo, pero será que los humanos somos así, siempre hay alguien que tiene que sufrir. Solo espero que no te toque a ti. Pero tú elegiste esto por voluntad propia...» «¿Qué quieres decir con "esto"?» «Me refiero a aceptar esta especie de corriente que te arrastra. "Eso" de lo que hui yo.»
Entre el calor sofocante del verano y una nevada imprevista en invierno, la autora nos sitúa en entornos rurales y comunidades cerradas, donde se ven obligados a permanecer habitantes de la ciudad, narradores en primera persona de su propia desorientación. Su capacidad de generar ambientes a partir de la atención a los detalles y a las sensaciones físicas subraya con eficacia reflexiones sobre temas recurrentes:
  • Una visión crítica de los efectos del capitalismo, concretados en cómo la inestabilidad laboral y la desigualdad de ingresos determinan las relaciones sociales y las expectativas de pareja.
  • La maternidad y la crianza como vías alternativas al trabajo para cumplir con la exigencia social de ocupar un rol productivo... y evitar el cuestionamiento o la invisibilización.
  • Todo lo que desconocemos y nos separa de los otros -los silencios y el tiempo que no compartimos-.
  • La presencia constante de lo violento y la muerte en la naturaleza y en nuestras vidas.
El Agujero físico funciona como una imagen clara del pozo en el que se encuentra su protagonista, así como de la importancia de mirar el mundo desde otra perspectiva. Sin comadrejas es un ejemplo perfecto de la tesis de Ricardo Piglia acerca de cómo un cuento siempre cuenta dos historias, que en la tradición del relato contemporáneo conviven permanentemente. Y Una noche en la nieve muestra cómo el narrador se encuentra cada vez más distanciado de los demás: comienza por no compartir la bebida y la comida; continúa mostrándose incapaz de relacionarse con el bebé con el mismo afecto que el resto de personajes; finaliza alejado de las emociones más profundas de su esposa, sin formar parte de eventos vitales.

En Selección automática, que reúne dos novelas cortas, Yukiko Motoya continúa con la representación crítica de la sociedad actual y de las relaciones interpersonales que aparecía en su anterior recopilación de cuentos, Mi marido es de otra especie. Sin embargo, aquí opta por ser mucho más explícita en comparación con las metáforas que dominaban su anterior obra; crea un drama sin esperanza que deriva hacia la reflexión existencial y una comedia del absurdo que bordea lo trágico.
(...) ¿Te refieres a vivir como ser humano? Lo raro es querer buscar un sentido a lo que nos humaniza.
(...)
-Oshiko, ¿tú no quieres que tus hijas, Hara y Tsumu, vivan como seres humanos de verdad?
-¿Como seres humanos? Eso es imposible -repuso ella sin poder aguantarse la risa.
La primera historia genera un intenso desasosiego. Es una distopía muy factible al describir una forma de vida ahora considerada deseable por muchas personas, mientras olvidan (u obvian intencionadamente) cómo las elecciones tecnológicas impulsadas por el mercado y la política tienen consecuencias personales y sociales. Nos plantea preguntas sobre nuestra identidad y la posibilidad de encontrar formas de resistencia eficaces. Específicamente, recuerda la importancia de desarrollar una inteligencia artificial dirigida a mejorar a los humanos -usándola para ayudarnos a desarrollar nuevas competencias- y no a aumentarlos -con máquinas realizando tareas de manera más productiva- (una distinción propuesta hace varias décadas por Warren Brody y recuperada por Evgeny Morozov).
Es inaudito que diga que en una situación excepcional como esta no está bien que, sin pensar en los demás, hagamos acopio excesivo de agua; es irresponsable hablar así cuando nuestro deber es garantizar nuestra libertad y nuestro derecho de acción. La gente que habla sin tener en cuenta este aspecto y alude al vínculo entre las personas o al comportamiento ético de los japoneses resulta un incordio, una molestia para los demás.

-Lo más natural es tirar la basura en los jardines de gentuza como esa. Hay que hacerlo así. Y, si les disgusta, que se apañen y se apliquen a limpiar más a menudo.
Mis eventos (la propia autora ha realizado su adaptación teatral) nos enseña que la sátira es una vía perfecta para denunciar la irracionalidad e inhumanidad de muchas corrientes de pensamiento en alza: preparacionistas, libertarios, fieles de la religión meritocrática, anarcocapitalistas, ultraliberales... Todos comparten algunas creencias: tener más dinero legitima acceder a más derechos, quienes sufren lo merecen por no haberse esforzado lo suficiente, es lícito externalizar a los más débiles los efectos negativos de mi conducta. Pero olvidan que, en algún momento, beneficiarse de la desigualdad genera consecuencias. Este cuento es una buena oportunidad para cuestionarnos cuánto espacio y atención públicos prestamos a personas con un discurso tan burdo como el de Katsuyuki.

Como contrapunto a dos obras centradas en la separación entre las personas, Arriety y el mundo de los diminutos aboga por la unión entre diferentes que reconocen su fragilidad e interdependencia. Como en otras películas de Miyazaki -aquí coguioniza la adaptación de la novela Los incursores-, hay un alegato ecologista y una advertencia sobre el papel destructor de los humanos. La protagonista vuelve a ser una valiente niña-adolescente en su paso a otra etapa vital, simbolizada en el descubrimiento de un nuevo mundo exterior.
Pese a las diferencias de tono con los cuentos que incluimos en esta sesión, el anime tiene también puntos de coincidencia: como Agujero, nos invita a descubrir la realidad desde nuevas perspectivas y, al igual que Mis eventos, propone una fábula social.

viernes, 7 de junio de 2024

Tokio

Yu Miri, Tokio, estación de Ueno (JR Ueno Eki Kōen Guchi, 2014)
Katsuhiro Otomo, Akira (1998)
Sofia Coppola, Lost in translation (2003)
Óscar al mejor guion original.

De nuevo dedicamos una tertulia a Tokio, la segunda ciudad más poblada del mundo y capital de Japón. La vez anterior nos centramos en su gastronomía y formas de ocio, mientras que las obras de las que hablaremos ahora nos permiten abordar otras dimensiones de lo urbano:
  • Cómo los espacios construyen y, al mismo tiempo, reflejan las condiciones de vida de sus habitantes.
  • Los mecanismos de exclusión residencial. Los efectos perversos de una planificación que no tiene en cuenta a las personas y persigue exclusivamente un crecimiento ecónomico acelerado, sin tener en cuenta sus consecuencias negativas.
  • La diferente mirada y experiencia que tiene cada persona acerca del mismo entorno.
* * *
Lost In Translation se inspira en el tiempo que pasé en Japón con veintitantos años. […] Estar en hoteles, donde te encuentras constantemente con las mismas personas. Se genera una especie de camaradería, aunque no las conozcas o incluso no hables con ellas. Y, siendo extranjeros en Japón, las cosas se distorsionan, se exageran. Estás despierta por el jet-lag, contemplando tu vida en medio de la noche.

Quería incluir en una película algunas de mis impresiones durante el tiempo que pasé allí: regresar a casa sola por la noche con las luces de neón, o escuchando música. El primer personaje en el que pensé fue en el interpretado por Bill Murray. Lo construí en parte tomando como base recuerdos personales: la primera vez que llegué a Japón, mi estancia en el hotel Park Hyatt, que es un lugar de tranquilidad en medio de esta ciudad tan caótica.
Las mirada de Coppola y de su director de fotografía intentan transmitir cómo pueden evolucionar las sensaciones que genera el contacto con una cultura donde se manejan códigos de conducta y lenguaje diferentes; en este caso, además, llena de contrastes entre bullicio y calma, claridad y sombras, soledad y encuentro.
Lo logran gracias al rodaje en 35 mm. en lugar de en digital, la intensidad fría de los colores -azules, grises, negros-, el poco uso de la iluminación artificial -inexistente en las escenas nocturnas, que se apoyan solo en los neones y los reflejos-, la escasa planificación previa de la mayor parte de las escenas -adquieren una naturaleza documental cuando incluyen a población autóctona-, la combinación de cámara en mano y planos fijos según quién aparezca en la escena.
Asistimos a cómo un no-lugar se va transformando, a través del contacto cotidiano, en un espacio real. La mirada de los protagonistas se modifica -ambos, en momentos diferentes, miran la ciudad a través de una ventanilla, pero percibimos que su estado anímico es también distinto-. Y, al mismo tiempo, los espacios reflejan las emociones de Bob y Charlotte, que en varias ocasiones, como en el ejemplo anterior, se muestran en paralelo.
Algunos lugares visitados: Cruce de ShibuyaNew York Bar (Park Hyatt Tokyo). KabukichoGolden Gai. Templo Jougan-ji. Locales de ocio (restaurante Shabu ZenKaraokeKan).

* * *
Katsuhiro Otomo, creador de Akira, se trasladó en su juventud desde la prefectura de Miyagi (en el noreste de Japón) a Tokio para comenzar su carrera como dibujante de manga. Vivirá en un barrio de las afueras, lejos de la riqueza que muestra Lost in translation y habitado por las personas que llenan las páginas de Tokio, estación de Ueno: inmigrantes, desempleadas y trabajadoras con bajos ingresos, víctimas de la exclusión social.
Más allá de los avatares que sufrió la producción del anime, las diferencias con la versión en papel de la historia y la posible confusión que genera un primer visionado, nos quedamos con su reflexión acerca de los posibles efectos de la planificación urbanística, que sacrifica a algunos habitantes y genera impotencia y violencia. Neo-Tokio nace como una utopía postapocalíptica, pero acaba siendo una distopía, una isla de edificios inmensos, donde las calles son territorio exclusivo de los vehículos a motor y las azoteas los únicos espacios para las personas.
Quizá el principal valor de esta obra de fantasía sea cómo aparecen reflejados problemas actuales: contaminación, desencanto juvenil ante la falta de expectativas y de apoyo, degradación de algunas zonas en contraste con la riqueza de otras, manifestaciones violentas de descontento utilizadas por quienes quieren ejercer un poder totalitario (en ese sentido, es fácil identificar a Tetsuo con algunos movimientos políticos en ascenso).


* *  *
Coppola y Otomo miran la gran urbe con asombro o espíritu crítico, pero ambos desde fuera (ella, una extranjera tan fascinada como desorientada; él, un inmigrante nacional que especula sobre un posible futuro con raíces en el presente).
Yu Miri escribe Tokio, estación de Ueno en una posición más cercana al segundo: la de quien ha sufrido el rechazo por su origen (ya analizamos la situación de los zainichi en Go) y quizá por ello muestra sensibilidad hacia los que nos gustaría convertir en invisibles, porque encarnan la imperfección de nuestro sistema, que permite sumar vulnerabilidades -falta de vivienda y trabajo, soledad, discriminación activa, experiencia constante de pérdida, desesperanza, cansancio-. Se trata de una realidad a la que ya nos acercamos en Tokyo Godfathers y que forma parte de la trama de La devoción del sospechoso X
¿La lectura nos ha permitido cuestionar nuestra responsabilidad social y evaluar la empatía que mostramos hacia las personas en dificultad? ¿Es la peculiar voz narrativa de Kazu un recurso útil para reforzar la crítica social de la novela? ¿Sirve para ello también el contraste entre su capacidad de observar en detalle a las personas en tránsito y prestar atención a sus conversaciones más banales y nuestra actitud hacia personas como él? ¿Qué otras realidades contrapone la autora?

jueves, 4 de abril de 2024

Soledad

Natsuko Imamura, La mujer de la falda violeta (Murasaki no sukato no on'na, 2019)
Premio Akutagawa 2019
Emi Yagi, Diario de un vacío (Kushin techo, 2020)
Premio Osamu Dazai 2020
Mamoru Hosoda, El niño y la bestia (Bakemono no Ko, 2015)
Premio de la Academia Japonesa de Cine a la mejor película de animación 2015
Todo el mundo desaparece enseguida. La mayoría de las veces lo hacen sin tener siquiera la molestia de expresar en voz alta su voluntad de poner fin a la amistad. Es un hecho silencioso. Ni unos ni otros nos damos cuenta de que desaparecemos.
Emi Yagi, Diario de un vacío
En 2021, el gobierno japonés creó, con posterioridad a una iniciativa similar de Reino Unido, el Ministerio de Soledad y Aislamiento, que propone varias actuaciones públicas para facilitar relaciones sociales positivas entre la población. En ese país, el 40 % de las personas encuestadas reconoció sentirse sola.
Aunque se trata de una realidad global; por ejemplo, el ayuntamiento de Barcelona desarrolla desde 2020 una estrategia municipal dirigida a todos los grupos de edad, y la Biblioteca de Pamplona-Yamaguchi es un agente activo del Pacto por las personas mayores del barrio de San Juan, que aborda entre sus objetivos la soledad no deseada.
Es indiscutible que necesitamos contar con relaciones significativas que nos aporten seguridad y validación y nos permitan expresar y recibir afecto, transmitir nuestra identidad o compartir experiencias. Pero muchas personas no ven satisfechas estas necesidades -o incluso sufren un rechazo activo y se sienten desarraigadas- por pertenecer a un colectivo estigmatizado, manifestar conductas que no se amoldan a las aceptadas en el entorno próximo, carecer de redes sociales formales o informales, padecer limitaciones físicas o intelectuales y tener un bajo nivel de habilidades para las relaciones interpersonales.
Las tres obras parten de premisas sorprendentes para, desde lo extraño / irreal / fantástico, retratar con eficacia esta realidad, cotidiana pero muchas veces silenciada.
Imamura y Yagi elaboran relatos en primera persona que juegan con la naturaleza de los personajes. La mujer de la falda violeta (Mayuko Hino) es, sobre todo, el espejo donde puede reflejarse Gondo; en Diario de un vacío, la soledad de Shibata no es mayor que la confesada por Hosono o que la sensación de ausencia intuida en Higashinakano, aunque estos últimos convivan con otras personas.
Ambas narradoras dotan las pequeñas interacciones cotidianas de profundos significados y conceden gran importancia al contexto laboral, donde sus narradoras comparten como característica la invisibilidad: una es limpiadora de hotel y la otra es definida, al menos hasta que cambia su estado, más por las tareas que se le encomiendan que por su nombre. Las dos están condicionadas por la cultura laboral japonesa, los roles de género asignados, las dinámicas grupales de pertenencia, exclusión, aislamiento y culpabilización o los procesos de elaboración de explicaciones socialmente compartidas.
Además, presentan otros elementos que enriquecen sus textos. Por ejemplo, el episodio en que Gondo encuentra sucesivos parecidos entre la mujer a la que observa y famosas o personas con las que mantuvo contacto en el pasado nos muestra de manera indirecta que tiene un carácter obsesivo y que actualmente carece de vínculos. Y el acto creador de Diario de un vacío puede interpretarse como una invitación a reflexionar sobre las formas en que construimos / transformamos la realidad; emparenta, así, con Julio Cortázar, convencido de que lo escrito modificaba la realidad, de que si lo fantástico (los sueños, el desorden, lo extraño) se volvía cotidiano podíamos acceder a una verdad oculta hasta ese momento.

Mamoru Hosoda (La chica que saltaba a través del tiempo, Summer Wars) es una de las principales figuras del anime del siglo XXI. Sus películas se caracterizan por, en un marco de fantasía, unir elementos de la tradición cultural (en este caso, el mundo de los bakemono) con el Japón contemporáneo (Shibuya) -se diferencian por sus texturas y colores- y aportar una mirada reflexiva sobre las relaciones familiares.
Como en las dos novelas, en El niño y la bestia son varios los personajes definidos por la soledad: Kumatetsu, Kyûta y su padre, Ichirôhiko, Kaede. Con un enfoque más positivo, incide en elementos protectores y preventivos frente al aislamiento social: el establecimiento de vínculos paternofiliales basados en el amor, la importancia de las pautas de comunicación entre padres e hijos, la toma de conciencia sobre las diferencias -que siempre son construcciones culturales- o la adolescencia como etapa en la que se busca una nueva identidad -puede ser mirando hacia el pasado o hacia el futuro-. Nos recuerda, además, que la luz solo llega a través del encuentro sincero entre personas y que todos somos, al mismo tiempo, maestros y aprendices de otros.

jueves, 7 de diciembre de 2023

Budismo

Hitonari Tsuji, El Buda blanco (Hakubutsu, 1997)
Kozo Morishita, Buda: El gran viaje ( Tezuka Osamu no Buddha: Akai Sabaku yo! Utsukushiku, 2011)
Toshiaki Komura, Buda: Camino a la iluminación ( Buddha 2: Tezuka Osamu no Budda - Owarinaki tabi, 2014)
Hikaru Nakamura, Las vacaciones de Jesús y Buda (Saint Young Men, 2006- )

En 2014 dedicamos una tertulia a las tres principales religiones que conviven en Japón. Nueve años después, nos centramos en una de ellas, el budismo, que también ha sido parte importante de algunas de las obras que hemos comentado, como Los sueños de Akira Kurosawa y El arpa birmana.
Aunque el budismo es una realidad múltiple y compleja, algunos datos e interpretaciones os pueden servir para acompañar las obras programadas:
  • Según las estadísticas oficiales más recientes (2018), el 46,5 % de la población nipona se declara budista... aunque su relación con las expresiones religiosas -más complementaria que excluyente- sea muy diferente a la occidental. Una presentación sintética de esta conducta se encuentra aquí, mientras que para una reflexión extensa os recomiendo el texto de Federico Lanzaco.
  • Esta biografía de Siddharta Gautama destaca su contexto cultural y político, compatible con una versión más acorde a la tradición. La web nippon.com publica con regularidad artículos sobre la evolución histórica del budismo y su situación actual en Japón.
  • Es posible encontrar en internet muchas introducciones a la doctrina y filosofía budistas. Para abordarlas desde la relación entre la tradición oriental y occidental -parte fundamental e ineludible de esta tertulia- os recomiendo una reseña sobre el libro El monje y el filósofo, una entrevista al psicoterapeuta David Brazier y el ensayo Filosofía del budismo zen, de Byung-Chul Han. Y, más específicamente, una visión sobre los múltiples puntos comunes entre el epicureísmo y el budismo zen.
La propuesta de este mes incluye una novela histórica costumbrista, un manga que emplea técnicas y temas de la comedia tradicional y un anime que intenta condensar el relato hagiográfico de Buda elaborado por Osamu Tezuka. A pesar de las diferencias formales, mantienen conexiones directas entre ellas.
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Existe una larga tradición de obras que abordan con humor el fenómeno religioso, mirando a sus protagonistas desde la actualidad. Por ejemplo, Cartas del diablo a su sobrino (G. K. Chesterton) es un manifiesto teológico; Los diarios de Adán y Eva (Mark Twain) una fábula sobre las relaciones de pareja; Malos presagios (Terry Pratchett y Neil Gaiman) una vuelta de tuerca al género apocalíptico; y, como autor más cercano, La tournée de Dios (Enrique Jardiel Poncela) muestra el habitual ingenio de su autor. Además, personajes de la mitología japonesa relacionados con el budismo, como los tengu y los kappa, han asumido ese tono en algunas de sus representaciones populares.
No investigo para un gag específico. Sin embargo, leo muchos libros sobre budismo y cristianismo, así que voy acumulando conocimientos que afloran cuando creo nuevas situaciones.
(...)
Jesús y Buda no son personajes normales, por eso es divertido verlos en actividades habituales. No cansa porque, cada vez que hacen algo banal, lo miras de otra manera a través de sus ojos. Creo que es interesante que descubran las pequeñas molestias de la vida cotidiana.
Entrevista en Planète BD
La autora de manga Hikaru Nakamura continúa la misma línea para ofrecer un retrato costumbrista del Japón urbano contemporáneo. Partiendo del conocimiento de las tradiciones cristiana y budista, sabe sacar partido al cambio de contexto de los símbolos en los que se materializan las creencias religiosas. La interpretación literal de su tradición, iconografía y metáforas -las tres caras de Buda, el Tripitaka- da lugar a situaciones cómicas, sin desvirtuar el significado de estos elementos.
Pero también emplea otros recursos clásicos del humor: Jesús y Buda son personajes con características muy marcadas, diferentes aunque complementarias (ahorrador / consumista, aficionado al manga / redes sociales, tímido / "ligón", etc.), lo que permite jugar con la dinámica de su relación. También se trata de dos protagonistas con pocos recursos económicos y escasamente familiarizados con el entorno en el que comienzan a vivir, lo que da lugar a divertidos equívocos y permite mostrar las representaciones contemporáneas de la religión (como el propio manga Buda, de Osamu Tezuka) o las modas del momento.
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La primera parte de la adaptación animada del manga clásico Buda (publicado originalmente entre 1972 y 1983) generó una gran expectación, pero presentaba claras deficiencias de estructura que se analizan y explican en Ramen para dos.
Seguramente, los tres años pasados entre ambas películas se emplearon tanto para mejorar la técnica de animación como para intentar resolver esos problemas. El tono del relato cambió también radicalmente: la acción y el acento en las emociones de la película de 2011 cedieron espacio a la reflexión y las enseñanzas búdicas.
En la primera, las tramas secundarias ejemplifican lo vano y perecedero del deseo de poder y del uso de la violencia, oponiéndolas a la generosidad del amor eterno. En 2014, por contra, los personajes parecen ser solo la excusa para que Siddharta confronte sus ideas frente a otras corrientes y comience a compartirlas.
En todo caso, a veces resulta difícil no ver ambos animes como una sucesión de elefantes pisoteando casas, mujeres que sufren y, si son madres, mueren para ser lloradas por sus hijos naturales o adoptivos, acompañadas de representaciones un tanto lisérgicas del mundo espiritual. Quizá por ello no se ha llegado a realizar la tercera parte planificada inicialmente.
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Una vez conocida la biografía de Buda, es fácil establecer paralelismos con la de Minoru, el protagonista de El Buda blanco. Ambos nacen y crecen en contextos de guerra entre estados y cuestionan desde el principio la legitimidad de la violencia, además de compadecerse del sufrimiento de cualquier ser vivo. Se preocupan por la muerte como fenómeno con implicaciones a la hora de dar sentido a la vida. Los viajes, los encuentros con el dolor propio y ajeno y la experiencia del cuidado les sirven para adquirir una nueva conciencia / interpretar el mundo de otra forma / llegar a la iluminación. E incluso en una etapa de su vida pasan del éxito material a la pobreza -como monje mendicante o empresario fracasado-.
Además, a lo largo del relato se plantean otros temas vinculados a la cosmovisión budista: la posibilidad del mundo como ilusión, la interpretación del miedo, el renacimiento o reencarnación, la atención plena.

jueves, 25 de mayo de 2023

Investigaciones

Keigo Higashino, La devoción del sospechoso X (Yoghisa Ekkusu no Kenshin, 2005)
Keiichi Hara, Colorful (2010)
Gosho Aoyama, Detective Conan (Meitantei Conan, 1994- )

Os presentamos tres obras que, pese a pertenecer a géneros muy diferentes -novela de suspense, anime dramático y manga de aventuras y humor-, están relacionadas: sus protagonistas se ven implicados, por voluntad propia o no, en la investigación de la conducta y motivaciones de otros personajes. Además, el interés romántico no resuelto es importante en estas historias e, incluso, encontramos un tema habitual en la ficción, aunque utilizado de formas distintas: la relación con un cuerpo que no es (o debería ser) el propio.
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En cuanto al personaje de Galileo, me inspiré en la serie de anime japonesa Doraemon de los años 70. El personaje principal de esa serie es un gato robot futurista que saca fantásticos artilugios de su bolsillo.
Al principio, el Detective Galileo era simplemente un dispositivo útil para resolver acertijos para el detective/narrador, tal como lo es Doraemon. Sin embargo, desde La devoción del sospechoso X comencé a prestar atención a su desarrollo como individuo.
Entrevista a Keigo Higashino
La devoción del sospechoso X sigue fielmente la receta que permite fabricar un thriller o, en este caso, una serie de éxito. Hay un misterio por resolver -que se desplaza del asesinato a la conducta de Tetsuya Ishigami (¡no vamos a hacer más spoilers!)- relacionado con un peligro -Shinji Togashi- que rompe con la armonía inicial -las vidas de Yasuko y Misato-, una pareja de investigadores que cumplen con los tópicos habituales -se definen por el contraste entre ambos: profesional y aficionado, ordenado y aparentemente caótico-, una leve reflexión sobre las decisiones justas y cierto retrato de las carencias de la sociedad contemporánea...
Como en cualquier novela del género, el interés del relato se sostiene tanto en la espera del desenlace final como en el juego que se establece con el lector para comprobar si será capaz de desvelar las claves de la historia antes de llegar a las últimas páginas.
Las historias de detectives inversas (o howcatchthem) constituyen una estructura habitual en este tipo de obras: desde el principio se conoce quién es el asesino y la intriga se centra en el proceso de investigación. Aunque también suelen incluir tramas secundarias -en este caso, la evolución de las relaciones afectivas entre los personajes-, la originalidad de La devoción del sospechoso X se encuentra en la identificación del verdadero enigma a resolver.
A cada cual corresponde valorar si son argumentos suficientes para considerarla una novela interesante o, por el contrario, pesan más algunas carencias, como las dificultades del autor para dar una dimensión emocional a sus protagonistas. En eso, desde luego, no se parece a Dostoievsky, por mucho que alguna crítica promocional se esfuerce por compararlos :-D

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Me di cuenta de que no sería una película de animación infantil. [La novela original] trataba temas como el suicidio y el renacimiento, el adulterio o las citas pagadas, y supe que sería un reto trabajar en ella.
Lo que más me atrajo fue que, pese a abordar esta dura realidad, era una novela que reafirmaba el valor de la vida.
Entrevista a Keiichi Hara 
Colorful, basada en la novela juvenil Karafuru, escrita por Eto Mori en 1998 y publicada en castellano con el imaginativo título Flipando en colores, es un anime que va ganando en profundidad conforme avanza su metraje.
Con elementos similares a La devoción... -protagonista de personalidad compleja, secretos, relaciones difíciles, realismo social- nos ofrece un relato con muchos puntos fuertes. Entre ellos, sobre todo, personajes muy bien definidos (tanto que parecen tener potencial para desarrollar sus propias líneas argumentales y explorar más su personalidad y motivaciones), con conductas que podemos comprender y conflictos cercanos a la cotidianeidad.
Como en El verano de Coo, partir de una premisa de género fantástico permite a Keiichi Hara explorar en profundidad la necesidad de relaciones personales y familiares positivas o de apoyo, además de plantear un relato de iniciación en el que el perdón (a uno mismo y a los demás) es elemento imprescindible para crecer.
Las elecciones técnicas refuerzan el mensaje y tono emocional de la película. Así, el contraste entre fondos realistas y detallados y personajes más icónicos refuerza la importancia de estos últimos, mientras que la gama cromática varía progresivamente, desde los grises fríos hasta colores luminosos y cálidos.
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Desde hace casi treinta años, Detective Conan es un fenómeno cultural en Japón. Casi 1100 capítulos del manga, 27 temporadas de la serie de animación y otras tantas películas, series derivadas, varios videojuegos, punto de interés turístico... La serie creada por Gosho Aoyama, con su mezcla de misterio y romance, continúa interesando a personas de todas las edades.

domingo, 2 de enero de 2022

Identidad

Hiromi Kawakami, Algo que brilla como el mar (Hikatte mieru mono, are wa, 2003)
Makoto Shinkai, Your name (Kimi no na Wa, 2016)
Osamu Tezuka, La Princesa Caballero (Ribon no kiishi, 1953-1956)
Gengoroh Tagame, El marido de mi hermano (Otouto no Otto, 2014-2017)
Yuhki Kamatami, Sombras sobre Shimanami (Shimanami tasogare, 2015-2018)
Chii, La novia era un chico (Hanayome wa Motodanshi, 2016)

Identidad sexual. Identidad de género. Orientación sexual. Como el resto de facetas de la naturaleza humana, son dimensiones a las que conviene acercarse desde la escucha y la empatía para ir más allá de posibles ideas previas.
Las obras propuestas abordan, de manera más o menos explícita, esta diversidad, especialmente presente en el universo del manga. Para contextualizar sus representaciones artísticas en Japón, es importante recordar que no son el resultado de una moda actual. Por ejemplo, del siglo XII procede el Torikaebaya monogatari, y a finales del XVII se publicó la recopilación de cuentos El gran espejo del amor entre hombres. Historias de samuráis.
Además de los enlaces anteriores, os proponemos la lectura de algunos artículos que se acercan a la situación del Japón contemporáneo: actual legislación sobre el matrimonio y posibles cambios; implicaciones en el sistema educativo y en el entorno laboral; presencia política, cultural y social.
-Soy un chico normal -dijo Hanada.
(...)
-No sé si tu concepto de normalidad es el mismo que el mío -reflexioné en voz baja, como si hablara conmigo mismo.
(...)
"Normal -repetí dentro de mi cabeza-. Normal. Normal. Normal". A medida que repetía aquella palabra, iba perdiendo su significado.
Como en El cielo es azul, la tierra es blanca, Hiromi Kawakami nos propone una historia en la que el encuentro y los afectos impulsan la maduración y el cambio de sus protagonistas, en especial Midori y Hanada. Puede considerarse, por la edad de estos personajes, una novela de iniciación que rompe con la linealidad temporal, siguiendo los caprichos de la memoria del narrador.
Quienes aprecian las obras de esta autora destacarán su capacidad de sugerencia al abordar múltiples temas, como la presión social en la búsqueda de la identidad. Sin embargo, otros lectores considerarán que no desarrolla las tramas de manera suficiente o que no saben muy bien qué está intentando contar, seguramente porque a la autora le importa más el retrato de algunos personajes que la trama.
Más que en la búsqueda de referencias a la construcción de la orientación sexual, su relación con el objeto de la tertulia puede estar en el cambio del significado que Midori otorga a la palabra normal: si al principio la utiliza como una protección frente a los demás, cuando establece una comunicación más sincera y abierta reconoce que apenas tiene sentido utilizarla para definir a una persona o conducta.

Nuestra conexión con las personas es musubi. El flujo del tiempo es musubi. Así que los hilos trenzados son una manera de representar esto mismo. Convergen y toman forma. Se doblan, se enredan y a veces se desenredan; se rompen y se reconectan. Así es el tiempo. 
Makoto Shinkai (5 centímetros por segundo, El jardín de las palabras) presenta también una personalidad narrativa e intereses temáticos muy definidos: el encuentro fortuito, la separación y el dolor, el camino hacia la madurez... Todo ello a través de personajes con una cuidada expresividad, que busca reflejar con eficacia las emociones, y con el paso del tiempo objetivado -como en el resto de sus obras- en los trenes y sus puertas. Éxito comercial y de crítica, Your name se basa en una novela del mismo autor y tuvo una adaptación posterior al manga.
El propio director ha declarado que "Cuando estaba haciendo la película, no quería convertirla en una cuestión de género. El intercambio de cuerpos es un tema bastante común en el cine y los libros japoneses". Sin embargo, resulta lógico relacionar las experiencias de Mitsuha y Taki, su desorientación inicial y posterior entendimiento y complementariedad, con algunas cuestiones como la extrañeza ante el propio cuerpo (en especial, la escena en la que él contempla el de ella frente al espejo, con una mezcla de temor y curiosidad) o la superación de las normas de conducta asociadas tradicionalmente a cada género (que les abre nuevas posibilidades al añadir otras habilidades y hacerlos más atractivos ante la mirada de los demás).
Japonismo nos ofrece una completa reseña sobre este anime, mostrando sus vínculos con la cultura nipona y su constante juego de dualidades y encuentros (chico y chica en un lugar fuera del tiempo, día y noche en el crepúsculo, rural y urbano, tradición y modernidad).

Las leyes son importantes, pero también lo es crear una sociedad que reconozca la diversidad y la variedad de formas de vivir y existir.
La novia era un chico conecta con obras de otras mangakas (Mi experiencia lesbiana con la soledad, Obscenidad) que, dentro de su carrera artística, han generado relatos autobiográficos. Todas abordan sus experiencias vitales con una mezcla de seriedad y humor, en la que el estilo gráfico (aquí con un dibujo chibi) es un recurso fundamental, al tiempo que retratan la sociedad japonesa contemporánea.
En este caso, Chii enriquece la exposición de una gran cantidad de conceptos y datos con su recorrido personal, expresado en un lenguaje cercano y coloquial, normalizando su situación -aunque no quita peso a las dudas y los obstáculos- y ofreciéndonos un relato alejado de idealizaciones: ella únicamente quiere ser feliz, y esta obra de divulgación consigue que la comprendamos y reflexionemos sobre nuestra responsabilidad social para facilitar el bienestar de las personas transgénero.

Además, podremos comentar los números iniciales de La Princesa Caballero -uno de los primeros shojo-, El marido de mi hermano y Sombras sobre Shimanami. Tres mangas que nos dan la oportunidad de comparar los discursos de dos siglos diferentes, pasando de la fantasía al retrato costumbrista.