sábado, 17 de octubre de 2020

Prostitución

Natsuo Kirino, Grotesco (Gurotesuku, 2003)

Kenji Mizoguchi, La calle de la vergüenza (Akasen chitai, 1956)

Manga adicional:

Yaro Abe, La cantina de medianoche 1. Tokyo Stories (Shin'ya Shokudo, 2006- )


Pese a ser obras separadas por casi medio siglo y muy distintas en la forma (thriller urbano y película realista), Kirino y Mizoguchi coinciden en su acercamiento al fenómeno de la prostitución en Japón. Ambos plantean análisis que combinan dos dimensiones: la sociológica -para mostrar sus causas- y la psicológica -que ejemplifica las consecuencias en las mujeres que la ejercen-.

Tanto la escritora como el cineasta tienen un interés personal en los efectos más severos de la desigualdad sobre las mujeres. Las novelas de la autora tienen siempre como protagonistas a personajes femeninos que deben enfrentar las dificultades generadas por la estructura socioeconómica nipona, siendo relegadas a los márgenes del sistema. Por ejemplo, en Out encontramos a trabajadoras de la industria con bajos salarios, mientras que su ficción más reciente, todavía sin publicar en castellano, aborda la explotación sexual de jóvenes japonesas. Os recomendamos la lectura de este artículo, que recoge algunas declaraciones sobre su punto de vista y motivaciones.

Por su parte, la vida y películas de Mizoguchi están marcadas por la venta de su hermana como geisha cuando ambos eran aún menores -el tenía siete años y ella catorce-. En la tertulia hemos revisado en varias ocasiones su filmografía (Cuentos de la luna pálida, Amor en llamas, El intendente Sansho y Los músicos de Gion), que combina el drama social con la tradición cultural.

Nos enfrentamos a dos relatos incómodos, muy claros cuando señalan las circunstancias que empujan a las protagonistas a la prostitución: pobreza, conflictos familiares, desigualdad por razón de sexo y de clase -no tienen las mismas oportunidades de ascenso académico y laboral las mujeres ni quienes proceden de entornos con menos poder adquisitivo-, competitividad extrema y expectativas excesivas en la escuela y la empresa. Sobre la presión generada dentro de éstas por el colectivismo, es interesante cómo se refleja en las tarjetas de visita -las mismas que insiste en mostrar Kazue a sus clientes-.

Al reflejar las consecuencias de manera también explícita, con la progresiva decadencia física y mental de las mujeres, los dos inciden en el lado más oscuro de su sociedad. Ambos rechazan cualquier visión complaciente, revelando que los atisbos de sofisticación son únicamente un disfraz de relaciones basadas en el poder y el dominio ejercidos desde la violencia. De esta forma, responden a quienes consideran la prostitución como un delito sin víctimas (un concepto que, por cierto, parece haber caído en desuso en la última década).

En cuanto a los aspectos estilísticos, podremos comentar en la tertulia si resulta eficaz el uso de distintas voces por parte de Kirino, enlazadas a través de una narradora que no recibe nombre, o el tono documental que aportan los planos secuencia de Mizoguchi.

Para complementar el acercamiento a esta realidad, os recomendamos algunos artículos adicionales:

  • Grotesco cita en una ocasión el fenómeno conocido como "enjo kosai".
  • La última película de Mizoguchi muestra el debate que, presionado por la ocupación norteamericana, llevó al gobierno japonés a promulgar la ley de prevención de la prostitución, que nunca ha resultado efectiva.
  • Las mujeres convertidas en productos de catálogo en los clubes.
  • Explotación y maltrato a mujeres inmigrantes.

Aunque no esté directamente relacionado con el tema elegido, os proponemos la lectura del manga La cantina de medianoche, que comparte con las otras obras el ambiente nocturno en que se desarrolla y algunas tipologías de personajes, aunque tratados de forma muy distinta.
Emparentado con otros mangas culinarios (El gourmet solitarioPaseos de un gourmet solitario, Oishinbo), Yaro Abe construye poco a poco un microcosmos de relaciones entre la clientela del local, huyendo del potencial dramático de muchas de las historias gracias al humor y a los habituales finales positivos -algo vetado en Grotesco y solo posible para una de las protagonistas de La calle de la vergüenza-. Quizá en ello radica buena parte de su éxito, que ya es internacional y ha propiciado varias adaptaciones televisivas.

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