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miércoles, 8 de abril de 2026

Memoria

Yoko Ogawa, La policía de la memoria (Hisoyakana khesso, 1994)
Hirokazu Koreeda, After Life (Wandafuru Raifu, 1998)
Shinki Kajio y Kenji Tsuruta, Emanon. Recuerdos (Omoide Emanon, 2008)

—Y, como resulta que los recuerdos son, en esencia, la experiencia y los conocimientos, al transferirlos, puede ser que cambie tu personalidad.
S. Kajio y K. Tsuruta, Emanon. Recuerdos
—Por muy vivo que sea un recuerdo, nunca va a tener una existencia física y objetiva, jamás va a materializarse a la vista de nadie; habitará siempre en el ámbito de la subjetividad. De ese modo, al igual que llegó, el recuerdo irá difuminándose hasta apagarse. Jamás poseeremos por completo nuestra memoria, nunca seremos dueños de ella. La memoria siempre será capaz de liberarse de nuestro férreo puño, que intenta agarrarla y retenerla. Tampoco nos ofrecerá una prueba o evidencia de en qué consiste exactamente, qué guarda o qué forma tiene. Bien pensado, quizás tengan razón; tal vez no tenga sentido tratar de recuperar a la fuerza recuerdos evaporados tiempo atrás.

El señor R. meditó la respuesta durante unos instantes.
—Supongo que tienes razón —dijo—. La memoria asusta porque es invisible, inaprensible —prosiguió—. Precisamente, quien sufre la pérdida de memoria no se da cuenta de la importancia que tiene o tenía aquello que es incapaz de recordar, caído ya al pozo del olvido.
Yoko Ogawa, La policía de la memoria 
La memoria, la capacidad de recordar, configura nuestra identidad. Aprovechando las posibilidades abiertas por el uso de elementos fantásticos, es la idea subrayada por las tres obras seleccionadas, que se acercan a diferentes elementos de esa experiencia: preservación, olvido, (re)construcción, consuelo, nostalgia, duelo...
—Al fin y al cabo, la novela hunde sus raíces y se abona en el terreno de lo ficticio, y crece desde la nada; el escritor ve lo que sus ojos no tienen delante y otorga existencia con palabras a aquello que no lo tiene.
Yoko Ogawa, La policía de la memoria
Uno de los temas centrales en la narrativa de Yoko Ogawa (por ejemplo, en su muy recomendable La residencia de estudiantes) es el vacío y el deterioro que la pérdida genera. Además de compartir esas inquietudes, La policía de la memoria es también un buen ejemplo de los recursos literarios que maneja para contagiar a los lectores un cierto clima emocional cercano al desasosiego: personajes sin nombre, lo irreal y lo extraño como marco que aprisiona la experiencia de personajes indefensos, capacidad para utilizar y trascender los elementos de un género concreto -en este caso, la novela distópica-.
Si uno es capaz de convencerse a sí mismo de no ver lo que realmente está sucediendo ante sus propias narices, entonces es como si no existiera, y es muy probable que pueda arreglárselas para llevar una vida tranquila y ajena al drama y la tragedia que se desplieguen a su alrededor. En ese sentido, las desapariciones que se suceden en la novela pueden tomarse como símbolo de esas cegueras y vulnerabilidades tan humanas como peligrosas
Todos los personajes de La policía de la memoria se caracterizan por sufrir la pérdida en sus propias carnes, y entre ellos incluyo aquellos que deambulan por las líneas de la novela que nuestra protagonista escribe. Unos tratan de rebelarse ante la pérdida y otros la aceptan con sumisión, pero yo no juzgo la corrección o pertinencia de sus acciones. Esa no es mi labor, sino la de mero narrador que vela por sus personajes.
Fui avanzando en la escritura sin darme a mí misma una respuesta de por qué les ocurría algo tan horrible a mis personajes. No encontrar una explicación produce una enorme desazón, y encontrarla, una relativa sensación de alivio. Sin embargo, no podemos atribuir una razón clara y bien delineada a la mayor parte de lo que acontece en nuestras vidas.
Entrevista a Yoko Ogawa (El País, 2021)
La progresividad en la desaparición del lenguaje-signo-recuerdo, más inquietante que si fuera solo la de los objetos, así como la ausencia de una explicación completa que nos permita asirnos a la tranquilidad de una lógica interna, incrementan la sensación de desamparo e incertidumbre que genera el relato. En ningún momento se esconde su carácter alegórico; si la novela escrita por la protagonista-narradora (inspirada por la vida de Anna Frank) refleja sus preocupaciones (similares, a su vez, a las de Ogawa), la estructura represiva y el intento de controlar los conceptos por parte del poder de la isla pueden recordarnos dinámicas muy cercanas, pese a que han pasado más de treinta años desde su publicación. Más allá del análisis político, La policía de la memoria es un recordatorio de nuestra fragilidad y de cómo necesitamos la experiencia de lo cotidiano para sostenernos o, al menos, generar la ilusión de que seguimos siendo las mismas personas que años antes. Quizá a un nivel inferior, podemos conectar lo que se nos cuenta con la pérdida/sustitución, esta vez real, de muchos objetos y sus prácticas asociadas, como las vías de acceso a productos culturales y dinámicas de comunicación habituales hace dos décadas. ¿Cómo han afectado a nuestra forma de relacionarnos y ver el mundo?

—Digamos que elijo un recuerdo, de cuando tenía ocho o diez años. ¿Solo recordaré cómo me sentía en ese entonces? ¿Podré olvidar todo lo demás? ¿De verdad? ¿Puedes olvidar? Bueno, en ese caso eso sí que es el cielo.
Hirokazu Koreeda, After Life
Dos años antes de rodar After Life, Koreeda había filmado el documental Without Memory, la historia de un hombre que pierde la memoria a corto plazo por un error médico. Atrapado por el tema, realizó más de quinientas entrevistas en las que preguntaba sobre el recuerdo que mantendrían en un hipotético más allá. De ese proyecto documental se mantienen aspectos formales para construir una ficción que, como la novela ya comentada, incluye una reflexión sobre la naturaleza de un arte, el mismo en el que se nos presenta la historia: aquí el cine, allí la narrativa de ficción. Recordar (para uno mismo o para un grupo reducido) es narrar de nuevo, (re)crear, recuperar el componente afectivo asociado a una experiencia previa; la creación artística es una vía de plasmar o generar (para un público más amplio) esos recuerdos, de compartir o generar emociones.
(...) para mí el recuerdo no es una cosa estática, no es un sustantivo, sino que es un verbo, es el acto de recordar. Con el acto de recordar lo que sucede es que según va pasando el tiempo, recordamos las cosas de una manera diferente, por lo que no me parece una cosa estática y es normal que ese recuerdo que tenemos dentro, cambie también en relación a nosotros.
Entrevista a Hirokazu Koreeda en CineAsia
Como en el resto de sus películas, que a lo largo de estos años hemos revisado en la tertulia, el director japonés explora la naturaleza humana. Los recuerdos elegidos son significativos porque sirven como autorretratos: al compartir con los personajes esa indagación en lo más íntimo, conocemos sus anhelos y valores. 

—Pero el ser humano no necesita tener recuerdos más allá de cierto nivel, ¿no? Sin duda hay un montón de cosas que nos gustaría olvidar.
S. Kajio y K. Tsuruta, Emanon. Recuerdos
El experimento de llevar a un extremo imposible la capacidad para recordar hace que reconozcamos, como en las obras anteriores, la influencia determinante de la memoria -y, sobre todo, las emociones asociadas- en quienes somos, cómo nos comportamos, las decisiones que tomamos e incluso la forma de percibir la realidad.
Con un ritmo similar al de la novela y la película ya reseñadas, la progresión narrativa de Emanon. Recuerdos se construye al paso de la dinámica natural entre los dos protagonistas, sin necesidad de recurrir a golpes de efecto pero manteniendo el interés gracias a las revelaciones nacidas del diálogo. El dibujo refuerza ese aire íntimo y cotidiano, basado en la expresividad de los ojos, rostros y cuerpos. Quizá, como único reproche, se puede señalar que el tono general se rompe cuando aparecen los intentos de explicar en detalle las causas y consecuencias del don que afecta a la joven sin nombre. Resulta más efectivo dejar espacio a que cada lector complete por sí mismo la historia.

domingo, 1 de febrero de 2026

Animales que nos acompañan

Makoto Shinkai, Ella y su gato (Kanojo no kanojo no neko: Their Standing Points, 1999) OVA
Makoto Shinkai y Naruki Nagakawa, Ella y su gato (Kanojo no kanojo no neko, 2013) Novela
Makoto Shinkai y Yamaguchi Tsubasa, Ella y su gato (Kanojo no kanojo no neko, 2016) Manga
Kazuya Sakamoto y Naruki Nagakawa, Ella y su gato (Kanojo no kanojo no neko: Everything flows, 2016) Anime

Seishu Hase, El chico y el perro (Shonen to inu, 2020)


En ocasiones, las obras seleccionadas para una sesión dialogan con las elegidas en otras. A veces, el tema explícito viene unido a otro que, pese a no ser citado en el título, nos interesa abordar durante la tertulia. Por ejemplo, las dos obras propuestas, pese a su clara intención de generar determinadas emociones en el lector, consiguen eludir la categoría de relatos sanadores que analizamos hace poco... aunque compartan estructura: historias independientes que se vinculan a través de un personaje común; cierre circular, vinculando el inicio con el final. Y la primera de ellas es el ejemplo más claro de cómo una misma idea puede transformarse y crecer cuando pasa de un formato a otro.

Desde que era un niño, siempre he tenido gatos conmigo. Soy de la prefectura de Nagano, y mientras vivía allí tenía gatos, y al venir a Tokio comencé a recoger y criar algunos gatos callejeros.
Entrevista a Makoto Shinkai en Anime News Network 
Siento que repito el tema de Ella y su gato una y otra vez, en especial en El jardín de las palabras.
Declaraciones de Makoto Shinkai recogidas en Febri
Ella y su gato, la primera obra de Makoto Shinkai (5 centímetros por segundo, El jardín de las palabras, Your name) fuera de la industria de los videojuegos, es un corto realizado en solitario con medios digitales -el dibujo de los personajes se combina con técnicas 3D en las imágenes de fondo, que son fotografías editadas-. Aunque sus películas son en color y aquí -por limitaciones de presupuesto- utiliza blanco y negro, ya encontramos la estética, planos, clima generado a partir de elementos urbanos y sensibilidad que caracterizan al director japonés. La novela replica buena parte de los textos de esta OVA, que en menos de cinco minutos recorre un año en la vida de Chobi, Miyu y Mimi. Inicialmente distribuida por el propia autor en formato CD (¡eran otros tiempos!) le permitió ganar el 12º CG Animation Contest para jóvenes creadores.
La serie de animación, también muy breve, sirve como precuela de la anterior. Las sombras son sustituidas por colores más amables y relajados, acordes con el tono de la historia. Por su parte, el manga parece querer acercarse mucho más a la estética del corto.
Aunque cada una de las obras explora elementos diferentes de un pequeño universo, coinciden en su tono melancólico, destacan la vulnerabilidad de los personajes y abordan los mismos temas, aunque con distinta intensidad: la soledad, la precariedad que conlleva independizarse e incorporarse al mercado de trabajo, el deseo de encontrar un lugar y sentirse parte de la sociedad, las expectativas sobre los afectos... Me interesa, sobre todo, cómo reflexiona acerca de la naturaleza de la comunicación: qué contamos u ocultamos, las dificultades para expresarse, cómo esas decisiones y limitaciones afectan a las relaciones. Aquí saca partido a los gatos narradores, que contrastan con las voces humanas y, pese a no ser capaces de comprender del todo las reacciones de sus dueñas, sí identifican, desde una mirada inocente, sus estados emocionales.
Aunque el final de la novela plantea un cierre satisfactorio para las historias, no cae en finales perfectas gracias a que solo muestra un momento de la vida de las protagonistas, sin destinos cerrados.
Si tenéis o habéis convivido con gatos, ¿aparece bien reflejada su conducta?

—Vuestra magia no consiste solo en hacernos sonreír. Es el valor y el cariño que nos transmitís únicamente con estar a nuestro lado.
El chico y el perro
John, el perro cuasi divino, sabio y compasivo que aparece en Ella y su gato, tiene continuidad en Tamon. De nuevo, lo que podría haberse deslizado hacia el terreno fácil de la «novela para sentirse bien» es, en realidad, una exploración sin demasiadas concesiones de la fragilidad humana. No solo por presentar de manera recurrente las consecuencias del gran terremoto de 2011 (también reflejadas en Recuerdos desde Fukushima) y del de Kumamoto en 2016. Sino, en especial, porque las seis historias entrelazadas nos ponen delante el hecho de que no podemos escapar de los condicionantes sociales y de circunstancias que no controlamos, y que desear no es sinónimo de conseguir -la pronoia es una creencia irracional demasiado extendida-.
Además, El chico y su perro vuelve a hablar de soledad, compañía y cuidado (hay varias referencias a la importancia de la manada), el significado del contacto físico y la necesidad de valorar los pequeños momentos de felicidad.
La novela original también ha sido adaptada al manga y, recientemente, en una película.
¿Creéis que el relato describe con precisión cómo nos comportamos con los perros?

domingo, 7 de diciembre de 2025

Libros, librerías y bibliotecas

Michiko Aoyama, La biblioteca de los nuevos comienzos (Osagashimono Wa Toshoshitsu Made, 2020)
Shinsuke Yositake, La curiosa librería (Arukashira Shoten, 2017)
Miya Kazuki, Suzuka y You Shiina, El ratón de biblioteca I (Hon suki no gekokujo, 2015-2016)
Wim Wenders, Perfect Days (2023)

¡Por fin! dedicamos una sesión de esta tertulia a los libros -que nos guían en nuestro acercamiento a la cultura japonesa-, las bibliotecas -como la que hace posible la actividad-, las librerías y todas las personas -profesionales, usuarias, clientes y lectores- unidas a través de la literatura.
Lo hacemos con cuatro obras que presentan ese mundo desde perspectivas y con recursos muy diferentes, aunque todas transmiten una visión optimista de la realidad y, como es lógico, entusiasmo por la palabra escrita. Además, nos permitirán acercarnos a algunas tendencias del pensamiento tradicional japonés y del actual mercado editorial nipón.
 
En 2021, La biblioteca de los nuevos comienzos fue la segunda obra más votada para el Premio de los Libreros de su país, un galardón de naturaleza popular y comercial. Desde entonces, acumula ediciones en más de treinta idiomas y sus ventas, al parecer, superan los dos millones de ejemplares.
Es sencillo etiquetar esta novela como feelgood (para «sentirse bien») o healing fiction («relato sanador», una categoría surgida en Japón y Corea del Sur). ¿Los rasgos distintivos de este género? Trasladar un tono esperanzado; evitar a héroes o villanos y presentar personajes con emociones y sentimientos reconocibles; narrar conflictos significativos -muchas veces vinculados a la soledad, la pérdida o la culpa- pero que se abordan sin llegar a transformarse en dramas inmanejables; reforzar el papel de lo comunitario y de la conexión interpersonal.
Repetí estas palabras en mi cabeza: «Todo ocurre gracias a los puntos de conexión que tenemos con otras personas, tanto en el pasado como en el futuro»... 
Tratamiento positivo de los protagonistas y secundarios con características amables, optimismo, lenguaje sencillo, descripciones que incluyen referencias agradables para los sentidos (naturaleza, comida, espacios físicos serenos y acogedores), un toque de magia, menciones a otras obras... Como comprobaréis, las andanzas de la sra. Komachi cumplen todos los requisitos.
La estructura de la novela intenta subrayar el valor de la interdependencia y la necesidad de relaciones sociales positivas. Se trata de cinco historias breves que se entrecruzan lanzando pequeños guiños al lector, satisfecho cuando se da cuenta de las coincidencias que unen a los personajes. Para asegurar que a nadie se le escape ese mensaje, el último capítulo cierra el círculo y repite ¡en tres ocasiones! la tesis central. Y, aunque los personajes están bien definidos y despiertan empatía, la diversidad de generaciones y situaciones vitales no se ve reflejada en su forma de pensar o expresarse: todos hablan igual; incluso las versiones de su primera visita al centro comunitario o del encuentro inicial con la bibliotecaria parecen intercambiables.
Aoyama despierta hábilmente nuestro interés por las dos bibliotecarias y nos deja contentos al regalarnos pequeñas informaciones sobre su pasado y presente. Porque, a pesar de dejar abiertos los futuros de sus protagonistas, la autora no pretende despertarnos a través de preguntas, sino facilitarnos un sueño agradable mediante respuestas más que conocidas... Que quizá podrían reducirse a «si quieres, puedes», «el esfuerzo siempre tiene recompensa» o, incluso, «si escuchas tu interior, el universo te ayudará a conseguir lo que verdaderamente deseas». Todo muy cozy (cálido, confortable), pero situando la responsabilidad final en el individuo; pese a que hay una leve crítica a las expectativas, exigencias y precariedad del mundo laboral contemporáneo, no se cuestiona realmente el sistema, y parte de las soluciones propuestas se basan en resignarse a lo que hay y esforzarse todo lo posible por cumplir con esmero las tareas asignadas.
Pese a todo, hay que reconocer que algo adictivo tienen lecturas como esta. El mercado japonés está aprovechando el momento para producir a buen ritmo obras similares: Los secretos de la papelería Shihodo, El gato que cuidaba las bibliotecas, Mis días en la librería Morisaki, La papelería Tsubaki, La tienda de los deseos...
Y si queréis aprender a usar el fieltro de lana, aquí un vídeo de iniciación 😊:
 
 
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La curiosa librería
recuerda a obras de Tom Gauld como En la cocina con Kafka (2017) y La venganza de los bibliotecarios (2022). Yositake deja traslucir el mismo amor por los libros y respeto por los profesionales del sector que el autor escocés. Como él, a través del humor, retratando lo cotidiano y jugando con la fantasía, nos demuestra que la construcción inteligente del absurdo puede ser el mejor estímulo para generar un pensamiento autónomo. Plantea un retrato de la sociedad actual -la persecución del éxito, nuestro modelo de producción y consumo, el deseo de aparentar, la preocupación por el futuro-, analiza algunas dinámicas de relación y reivindica el papel de los recursos abiertos, como las bibliotecas.
La curiosa librería es un álbum ilustrado que funcionará bien a cualquier edad. Aunque las risas serán las mismas, generará preguntas y respuestas diferentes en cada persona. ¿Cuál ha sido vuestra historia favorita?
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Nacida como una novela ligera (o ranobe) destinada a publicarse de forma seriada en una web donde cualquier persona puede compartir sus historias, El ratón de biblioteca, como otras obras aparecidas en ese formato, ha recibido adaptaciones al manga y al anime.
Perteneciente al subgénero de fantasía denominado isekai («otro mundo») -que ya conocemos por El niño y la bestia y, en cierta medida, por Colorful-, el primer tomo de las aventuras de Myne muestra todas las características que lo convierten en una obra amable y original: dibujo atento a los detalles que se combina con una estética kawaii cuando desea ser más expresivo, personajes bondadosos, conflictos ligeros...
La pequeña sociedad medieval que nos presenta puede sugerir una cierta crítica a las diferencias sociales y de oportunidades, además de reivindicar la importancia de la alfabetización. Como la fabricación de productos cotidianos que inicia la protagonista, son cosas que damos erróneamente por sentadas.
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La relación de Wim Wenders con Japón es aún más profunda que la de otra directora alemana ya conocida en la tertulia, Doris Dörrie (Cerezos en flor, Recuerdos desde Fukushima), y parte de su fascinación por Yasujirô Ozu (Cuentos de Tokio, Crepúsculo en Tokio).
Perfect Days, la película que representó al país asiático en los Óscar de 2024 y recibió dos galardones en los Premios de la Academia Japonesa, es el reflejo de esa admiración. Como señala la crítica de El Mundo: «Hace poco más 60 años el director japonés Yasujiro Ozu completaba su última obra maestra. Lo hacía poco antes de morir precisamente a los 60 años. Había nacido el 12 de diciembre de 1903 y moriría el mismo día de 1963. El protagonista de 'El sabor del sake' (este fue su adiós del cine) era el viudo Shubei Hirayama [en Cuentos de Tokio, el personaje principal, interpretado por el mismo actor, comparte apellido]. En 1985, un año después de la Palma de Oro por 'París, Texas' (que acaba de cumplir, por cierto, 40 años), Wim Wenders rodaba 'Tokio-Ga', un documental que también era homenaje y hasta oración dedicado, en efecto, a Ozu. 'Perfect days', la película que ahora estrena el alemán, sucede en Tokio y se cuenta en ella la historia de un tipo llamado Hirayama. Tenía que pasar.»
Aunque grabada con cámara digital, incluso la relación de aspecto 4:3 -el formato casi cuadrado- puede recordarnos a las películas del maestro nipón, cuyo cine retrataba la vida cotidiana, el paso del tiempo y la impermanencia, el contraste entre la modernidad y la tradición, el conflicto intergeneracional o la soledad. El mono no aware del cine de Ozu, como toma de conciencia sobre la belleza de lo efímero, resuena en el komorebi de Wenders.
Perfect Days se construye a través de los silencios (que dan a pie a Koji Yakusho para construir un personaje con rasgos de Chaplin) y de lo que NO se narra sobre los personajes. Esos vacíos suponen tanto una invitación a prestar atención a los detalles -el retrato de todas las personas que se cruzan con el protagonista es valioso precisamente porque apenas se nos presentan piezas, aunque son muy significativas- como la obligación de interpretar lo que hemos visto una vez finalizada la película -a semejanza de los sueños en los que se procesan las experiencias del día y en los que reaparecen esos juegos de luces y sombras pese a que, por su naturaleza, son fugaces y únicos-. ¿Es una paradoja?
Por ejemplo, ¿qué nos sugiere la fascinación de la joven Aya por Redondo Beach, la canción de Patti Smith de la que escucha(mos) hasta el verso «She was the victim of sweet suicide»? ¿Cuántas cosas nos dice sobre esta joven: «Everyone was singing, girl is washed up // Pretty little girl, everyone cried.»? Quizá podamos, en la tertulia, desgranar la historia de todos los personajes.
Frente a obras basadas en lo explícito, esta película necesita que construyamos significados. Cada interpretación será diferente, porque como espectadores asumimos un papel activo marcado por nuestra sensibilidad, expectativas y creencias. A mí me habla de un protagonista que, como cualquier otra persona, asiste a las alegrías y tristezas ajenas y experimenta en carne propia posibilidades de encuentros, algunos no realizados y otros que se completan. Cuando su rutina se ve modificada, se ve obligado a reconocer sus propios deseos y la posibilidad de la pérdida; gracias a ello, podrá enriquecer su vida.
Como hoy hablamos de libros, es imprescindible una referencia a los que aparecen en Perfect Days. Los dos relatos entrelazados de Las palmeras salvajes (William Faulkner) hablan sobre la relación humana con la naturaleza, el deseo, el encuentro y su final. Los ensayos recogidos en Árbol (Aya Koda) se vinculan a uno de los motivos recurrentes de la película. Y el cuento La tortuga (Patricia Highsmith) presenta la compleja relación entre una madre y su hijo.

miércoles, 7 de febrero de 2024

Naturaleza

Naoko Abe, El hombre que salvó los cerezos (The Sakura Obsession: The Incredible Story of the Plant Hunter Who Saved Japan's Cherry Blossoms, 2019)
Yumemakura Baku y Jiro Taniguchi, La Cumbre de los Dioses 1 (Kamigami no Itadaki, 2000)
Takeshi Kitano, El verano de Kikujiro (Kikujiro no natsu, 1999)

En la tertulia que dedicamos a los robots surgió una reflexión en torno a la posibilidad de diferenciar entre lo natural y lo artificial. A partir de alguno de los artículos seleccionados vimos cómo la cultura japonesa no establece una distinción clara entre ambos, optando por la manipulación e imitación respetuosas de la naturaleza. Como complemento, este ensayo hace un repaso histórico de la tradición literaria de representación del medio ambiente. Las tres obras que comentaremos inciden en la misma idea.


Así, en El verano de Kikujiro el viaje (los 290 km. que separan Tokio de Toyohashi) discurre primero en paisajes urbanos, sustituidos por otros que intentan recrear artificialmente la naturaleza (el hotel) hasta llegar a lo rural, la playa y la acampada junto al río. En esa sucesión el entorno está cada vez menos modificado, aunque la influencia humana sigue presente... hasta volver a un plano general de la ciudad de asfalto y edificios.
Además, la historia que nos propone Kitano es un claro ejemplo de lo que se conoce como viaje del héroe, el mito básico sobre el que se construyen la mayor parte de los relatos. Porque, como subraya el director y guionista en la última escena, donde por fin se cita su nombre, el protagonista de esta película es el adulto, y su transformación interior -y el cambio paralelo en su conducta- se dará al asumir la responsabilidad de mitigar el sufrimiento de Masao, que conecta con el suyo propio. Hacer reír al niño es el nuevo objetivo de Kikujiro, convertido en un padre sustituto, inadecuado en muchas de sus conductas pero valioso como soporte afectivo. Juan M. Dardón, docente de la Universidad de Buenos Aires, señala que esos placeres puros del juego y de la risa equivalen, para Kitano, a la afirmación de la libertad.
Formalmente, se mueve entre la comedia física y el absurdo -recordando, en un ejercicio de autorreferencialidad, a Fūun! Takeshi Jō-, la experimentación, lo onírico -con referencias al kabuki- y lo emotivo. Destacan los planos sostenidos, en los que no hace falta decir nada pero que nos dan tiempo suficiente para captar los sentimientos de los personajes, y que repetirá tres años después en Dolls, donde se detiene en los espacios ya vacíos. Y las imágenes fijas, como estampas del cuaderno de Masao, sirven para transmitir buena parte del efecto cómico o violento de algunas situaciones, sin necesidad de mostrar la acción completa.

La Cumbre de los Dioses
parte de un suceso real para construir un relato en el que la naturaleza no solo genera admiración o temor, sino que es el escenario donde sus protagonistas buscan sentido a la vida, intentan construir una identidad y ponen a prueba sus capacidades.
Desde el inicio, la obra pone en cuestión esas motivaciones cuando comienzan a convertirse en obsesiones, y explora cómo -sea cual sea su objeto: la montaña, la competición, el pasado o resolver un misterio- llegan a afectar a la forma de relacionarse con otras personas.
Para adaptar las más de mil páginas de la novela original, Jiro Taniguchi -que ya había dibujado dos obras de Baku: Garoden, centrada en un luchador callejero, y K, sobre el alpinismo en las montañas de Nepal- las convierte en imágenes detalladas, tan características en su trabajo como el dinamismo que generan el uso de las transiciones de acción a acción y la combinación de planos. Además, representar con una técnica diferente a los personajes y los fondos refuerza la sensación de perspectiva, profundidad e inmensidad del entorno. 
Una prueba de la influencia del dibujante japonés en Europa -que también se nutrió de la tradición del cómic francobelga- es la reciente película de animación basada en su manga.


Naoko Abe ejemplifica el buen hacer del periodismo que establece relaciones entre hechos en apariencia no conectados. El hombre que salvó los cerezos es mucho más que un ensayo histórico o de botánica: se acerca a una visión global de la política, economía, estructura social y modelos de relación familiar de los últimos siglos.
Gracias a su capacidad para describir personajes e identificar anécdotas significativas, podemos ver qué ha generado la fascinación e influencia mutuas entre oriente y occidente -cuestionando además el concepto de culturas puras o tradicionales-, reencontrar nombres conocidos -como Lafcadio Hearn- y comprobar que lo considerado natural es siempre una construcción mediada por las interpretaciones, intereses y actuaciones humanas:
En el Japón antiguo, las flores de cerezo simbolizaban la vida nueva y el volver a empezar (...) los gobiernos sucesivos usaron la popular sakura y sus vínculos imperiales para hacer propaganda entre un pueblo acrítico (...) canciones, obras de teatro y libros de texto pasaron a hacer hincapié en la muerte (...) por el emperador.

En Japón, las ideas de Ingram sobre la heterogeneidad chocaban con la homogeneidad de la nación (...) La desaparición de la diversidad (...) era indicativa de la mentalidad militarista (...).

jueves, 7 de diciembre de 2023

Budismo

Hitonari Tsuji, El Buda blanco (Hakubutsu, 1997)
Kozo Morishita, Buda: El gran viaje ( Tezuka Osamu no Buddha: Akai Sabaku yo! Utsukushiku, 2011)
Toshiaki Komura, Buda: Camino a la iluminación ( Buddha 2: Tezuka Osamu no Budda - Owarinaki tabi, 2014)
Hikaru Nakamura, Las vacaciones de Jesús y Buda (Saint Young Men, 2006- )

En 2014 dedicamos una tertulia a las tres principales religiones que conviven en Japón. Nueve años después, nos centramos en una de ellas, el budismo, que también ha sido parte importante de algunas de las obras que hemos comentado, como Los sueños de Akira Kurosawa y El arpa birmana.
Aunque el budismo es una realidad múltiple y compleja, algunos datos e interpretaciones os pueden servir para acompañar las obras programadas:
  • Según las estadísticas oficiales más recientes (2018), el 46,5 % de la población nipona se declara budista... aunque su relación con las expresiones religiosas -más complementaria que excluyente- sea muy diferente a la occidental. Una presentación sintética de esta conducta se encuentra aquí, mientras que para una reflexión extensa os recomiendo el texto de Federico Lanzaco.
  • Esta biografía de Siddharta Gautama destaca su contexto cultural y político, compatible con una versión más acorde a la tradición. La web nippon.com publica con regularidad artículos sobre la evolución histórica del budismo y su situación actual en Japón.
  • Es posible encontrar en internet muchas introducciones a la doctrina y filosofía budistas. Para abordarlas desde la relación entre la tradición oriental y occidental -parte fundamental e ineludible de esta tertulia- os recomiendo una reseña sobre el libro El monje y el filósofo, una entrevista al psicoterapeuta David Brazier y el ensayo Filosofía del budismo zen, de Byung-Chul Han. Y, más específicamente, una visión sobre los múltiples puntos comunes entre el epicureísmo y el budismo zen.
La propuesta de este mes incluye una novela histórica costumbrista, un manga que emplea técnicas y temas de la comedia tradicional y un anime que intenta condensar el relato hagiográfico de Buda elaborado por Osamu Tezuka. A pesar de las diferencias formales, mantienen conexiones directas entre ellas.
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Existe una larga tradición de obras que abordan con humor el fenómeno religioso, mirando a sus protagonistas desde la actualidad. Por ejemplo, Cartas del diablo a su sobrino (G. K. Chesterton) es un manifiesto teológico; Los diarios de Adán y Eva (Mark Twain) una fábula sobre las relaciones de pareja; Malos presagios (Terry Pratchett y Neil Gaiman) una vuelta de tuerca al género apocalíptico; y, como autor más cercano, La tournée de Dios (Enrique Jardiel Poncela) muestra el habitual ingenio de su autor. Además, personajes de la mitología japonesa relacionados con el budismo, como los tengu y los kappa, han asumido ese tono en algunas de sus representaciones populares.
No investigo para un gag específico. Sin embargo, leo muchos libros sobre budismo y cristianismo, así que voy acumulando conocimientos que afloran cuando creo nuevas situaciones.
(...)
Jesús y Buda no son personajes normales, por eso es divertido verlos en actividades habituales. No cansa porque, cada vez que hacen algo banal, lo miras de otra manera a través de sus ojos. Creo que es interesante que descubran las pequeñas molestias de la vida cotidiana.
Entrevista en Planète BD
La autora de manga Hikaru Nakamura continúa la misma línea para ofrecer un retrato costumbrista del Japón urbano contemporáneo. Partiendo del conocimiento de las tradiciones cristiana y budista, sabe sacar partido al cambio de contexto de los símbolos en los que se materializan las creencias religiosas. La interpretación literal de su tradición, iconografía y metáforas -las tres caras de Buda, el Tripitaka- da lugar a situaciones cómicas, sin desvirtuar el significado de estos elementos.
Pero también emplea otros recursos clásicos del humor: Jesús y Buda son personajes con características muy marcadas, diferentes aunque complementarias (ahorrador / consumista, aficionado al manga / redes sociales, tímido / "ligón", etc.), lo que permite jugar con la dinámica de su relación. También se trata de dos protagonistas con pocos recursos económicos y escasamente familiarizados con el entorno en el que comienzan a vivir, lo que da lugar a divertidos equívocos y permite mostrar las representaciones contemporáneas de la religión (como el propio manga Buda, de Osamu Tezuka) o las modas del momento.
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La primera parte de la adaptación animada del manga clásico Buda (publicado originalmente entre 1972 y 1983) generó una gran expectación, pero presentaba claras deficiencias de estructura que se analizan y explican en Ramen para dos.
Seguramente, los tres años pasados entre ambas películas se emplearon tanto para mejorar la técnica de animación como para intentar resolver esos problemas. El tono del relato cambió también radicalmente: la acción y el acento en las emociones de la película de 2011 cedieron espacio a la reflexión y las enseñanzas búdicas.
En la primera, las tramas secundarias ejemplifican lo vano y perecedero del deseo de poder y del uso de la violencia, oponiéndolas a la generosidad del amor eterno. En 2014, por contra, los personajes parecen ser solo la excusa para que Siddharta confronte sus ideas frente a otras corrientes y comience a compartirlas.
En todo caso, a veces resulta difícil no ver ambos animes como una sucesión de elefantes pisoteando casas, mujeres que sufren y, si son madres, mueren para ser lloradas por sus hijos naturales o adoptivos, acompañadas de representaciones un tanto lisérgicas del mundo espiritual. Quizá por ello no se ha llegado a realizar la tercera parte planificada inicialmente.
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Una vez conocida la biografía de Buda, es fácil establecer paralelismos con la de Minoru, el protagonista de El Buda blanco. Ambos nacen y crecen en contextos de guerra entre estados y cuestionan desde el principio la legitimidad de la violencia, además de compadecerse del sufrimiento de cualquier ser vivo. Se preocupan por la muerte como fenómeno con implicaciones a la hora de dar sentido a la vida. Los viajes, los encuentros con el dolor propio y ajeno y la experiencia del cuidado les sirven para adquirir una nueva conciencia / interpretar el mundo de otra forma / llegar a la iluminación. E incluso en una etapa de su vida pasan del éxito material a la pobreza -como monje mendicante o empresario fracasado-.
Además, a lo largo del relato se plantean otros temas vinculados a la cosmovisión budista: la posibilidad del mundo como ilusión, la interpretación del miedo, el renacimiento o reencarnación, la atención plena.

jueves, 25 de mayo de 2023

Investigaciones

Keigo Higashino, La devoción del sospechoso X (Yoghisa Ekkusu no Kenshin, 2005)
Keiichi Hara, Colorful (2010)
Gosho Aoyama, Detective Conan (Meitantei Conan, 1994- )

Os presentamos tres obras que, pese a pertenecer a géneros muy diferentes -novela de suspense, anime dramático y manga de aventuras y humor-, están relacionadas: sus protagonistas se ven implicados, por voluntad propia o no, en la investigación de la conducta y motivaciones de otros personajes. Además, el interés romántico no resuelto es importante en estas historias e, incluso, encontramos un tema habitual en la ficción, aunque utilizado de formas distintas: la relación con un cuerpo que no es (o debería ser) el propio.
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En cuanto al personaje de Galileo, me inspiré en la serie de anime japonesa Doraemon de los años 70. El personaje principal de esa serie es un gato robot futurista que saca fantásticos artilugios de su bolsillo.
Al principio, el Detective Galileo era simplemente un dispositivo útil para resolver acertijos para el detective/narrador, tal como lo es Doraemon. Sin embargo, desde La devoción del sospechoso X comencé a prestar atención a su desarrollo como individuo.
Entrevista a Keigo Higashino
La devoción del sospechoso X sigue fielmente la receta que permite fabricar un thriller o, en este caso, una serie de éxito. Hay un misterio por resolver -que se desplaza del asesinato a la conducta de Tetsuya Ishigami (¡no vamos a hacer más spoilers!)- relacionado con un peligro -Shinji Togashi- que rompe con la armonía inicial -las vidas de Yasuko y Misato-, una pareja de investigadores que cumplen con los tópicos habituales -se definen por el contraste entre ambos: profesional y aficionado, ordenado y aparentemente caótico-, una leve reflexión sobre las decisiones justas y cierto retrato de las carencias de la sociedad contemporánea...
Como en cualquier novela del género, el interés del relato se sostiene tanto en la espera del desenlace final como en el juego que se establece con el lector para comprobar si será capaz de desvelar las claves de la historia antes de llegar a las últimas páginas.
Las historias de detectives inversas (o howcatchthem) constituyen una estructura habitual en este tipo de obras: desde el principio se conoce quién es el asesino y la intriga se centra en el proceso de investigación. Aunque también suelen incluir tramas secundarias -en este caso, la evolución de las relaciones afectivas entre los personajes-, la originalidad de La devoción del sospechoso X se encuentra en la identificación del verdadero enigma a resolver.
A cada cual corresponde valorar si son argumentos suficientes para considerarla una novela interesante o, por el contrario, pesan más algunas carencias, como las dificultades del autor para dar una dimensión emocional a sus protagonistas. En eso, desde luego, no se parece a Dostoievsky, por mucho que alguna crítica promocional se esfuerce por compararlos :-D

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Me di cuenta de que no sería una película de animación infantil. [La novela original] trataba temas como el suicidio y el renacimiento, el adulterio o las citas pagadas, y supe que sería un reto trabajar en ella.
Lo que más me atrajo fue que, pese a abordar esta dura realidad, era una novela que reafirmaba el valor de la vida.
Entrevista a Keiichi Hara 
Colorful, basada en la novela juvenil Karafuru, escrita por Eto Mori en 1998 y publicada en castellano con el imaginativo título Flipando en colores, es un anime que va ganando en profundidad conforme avanza su metraje.
Con elementos similares a La devoción... -protagonista de personalidad compleja, secretos, relaciones difíciles, realismo social- nos ofrece un relato con muchos puntos fuertes. Entre ellos, sobre todo, personajes muy bien definidos (tanto que parecen tener potencial para desarrollar sus propias líneas argumentales y explorar más su personalidad y motivaciones), con conductas que podemos comprender y conflictos cercanos a la cotidianeidad.
Como en El verano de Coo, partir de una premisa de género fantástico permite a Keiichi Hara explorar en profundidad la necesidad de relaciones personales y familiares positivas o de apoyo, además de plantear un relato de iniciación en el que el perdón (a uno mismo y a los demás) es elemento imprescindible para crecer.
Las elecciones técnicas refuerzan el mensaje y tono emocional de la película. Así, el contraste entre fondos realistas y detallados y personajes más icónicos refuerza la importancia de estos últimos, mientras que la gama cromática varía progresivamente, desde los grises fríos hasta colores luminosos y cálidos.
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Desde hace casi treinta años, Detective Conan es un fenómeno cultural en Japón. Casi 1100 capítulos del manga, 27 temporadas de la serie de animación y otras tantas películas, series derivadas, varios videojuegos, punto de interés turístico... La serie creada por Gosho Aoyama, con su mezcla de misterio y romance, continúa interesando a personas de todas las edades.

miércoles, 22 de marzo de 2023

NOVEDADES MARZO

Mita, Masahiro. El club de los quince. Hermida, 2022. El protagonista es Ryōichi Kitazawa, hijo de una familia de clase media. Su madre imparte clases de piano en el sótano de su casa, su hermano menor es un alumno brillante que estudia en una prestigiosa escuela privada, y su padre vive absorbido por el trabajo y casi nunca está en casa. Ryōichi es un chico solitario y retraído que estudia en una escuela de secundaria pública y aprende a tocar el piano, pero no con su madre, sino con una profesora particular. Se siente abrumado por la enorme presión y competitividad del sistema educativo japonés: es consciente de que no tiene suficiente nivel académico para entrar en un buen instituto, y tampoco confía en que su talento como pianista le permita dedicarse a la música. Por eso a menudo se pregunta cuál es el sentido de vivir y juega con la idea del suicidio. Un día, un chico de su curso llamado Hangei Tetsuya, la estrella del equipo de béisbol, le pide a Ryōichi que grabe uno de sus partidos y que lo acompañe al hospital para enseñarle la cinta a una amiga de la infancia que está gravemente enferma. Ryōichi se siente extrañamente atraído por la joven enferma. Hasta que ella le pregunta: «Quieres suicidarte conmigo?». Un chico que quiere morir conoce a una chica que quiere vivir. Ella le enseña a aferrarse a la vida con todas sus fuerzas, ya que la fugacidad de la vida es una bendición y una maldición al mismo tiempo. Una novela llena de crudeza que, no obstante, deja una puerta abierta a la esperanza.

 

Mishima, Yukio. La casa de Kyoko. Alianza, 2023.  Yukio Mishima dijo en cierta ocasión que La casa de Kyoko era, de sus obras, quizá su favorita, y sin embargo esta extraordinaria obra seguía inédita en español y en casi todo el mundo. La novela cuenta las historias interconectadas de cuatro hombres que representan las diferentes facetas de la personalidad de su autor: lo artístico en el pintor, lo atlético en el boxeador, lo nihilista en el hombre de negocios y lo narcisista en el actor.






 

Mizubayashi, Akira. Alma partida. Edhasa, 2023. En 1938, bajo el gobierno de una dictadura nacionalista, Japón emprende una guerra para expandirse en Asia. Entretanto, cuatro músicos aficionados amantes de la música clásica, Yu, de origen japonés, y tres estudiantes chinos, se reúnen regularmente para ensayar Rosamunda, la sonata de Schubert. Y esas sesiones idílicas y armónicas los sustraen del ambiente de intolerancia y terror que los rodea. Pero el amparo de Schubert dura poco tiempo. Una patrulla militar irrumpe en uno de los ensayos y los detiene. Y no se volverá a saber nada de ellos. Ese día, Rei, el hijo de Yu, se ha escondido en el armario, y desde allí lo escucha todo. Cuando un teniente abre la puerta y lo descubre, se cruzan las miradas, y lo peor parece estar a punto de suceder. Sin embargo, en completo silencio, el teniente le da el violín de su padre y se marcha al punto, sin delatarlo. Es un momento que marcará la vida de Rei, el momento en que la piedad y el perdón interrumpen la crueldad y la violencia homicida. Adoptado por una familia francesa, Rei se convertirá con los años en un destacadísimo lutier de París. Pero no olvidará nunca. Así, tras años de paciente trabajo, restaurará el violín de su padre y volverá al Japón, para cerrar el círculo que aquel teniente había dejado abierto... Con una prosa sugerente y exquisita, Mizubayashi ha escrito una novela conmovedora sobre el poder de la evocación y la memoria. Ganadora en 2020 del Premio de los Libreros de Fancia, Alma partida narra con delicadeza y sobriedad una historia marcada por el duelo imposible, el desarraigo y el renacimiento.

 

 

Tatsumi, Yoshihiro. Pescadores de medianoche. Gallo Nero, 2018.  La presente antología recoge nueve historias escritas entre 1972 y 1973 y seleccionadas por el mismo Tatsumi, maestro y fundador del gekiga. El mangaka que contó su vida en el premiado manga Una vida errante disecciona aquí el milagro económico japonés para desvelar las tensiones, los deseos y las angustias de millones de jóvenes que acudieron en masa a las ciudades y vieron sus sueños frustrados. En sus historias, Tatsumi pone en escena la banalidad de la vida moderna y sondea las profundidades de la juventud perdida de los años setenta. Los pescadores de medianoche deambulan por clubes nocturnos, tristes suburbios y desangelados estudios sin baño… ser joven en aquel entonces no tenía nada de romántico.

 

 

Wakui, Ken. Tokyo revengers volumen 10. Norma, 2022.  Llega un nuevo número de esta aclamada historia que será para muchos el manga de nuestra juventud. La Tenjiku ha dejado a la Toman al borde de la destrucción con el incidente de Kanto. Esta vez parece que no va a haber escapatoria… El empeño de Takemichi por seguir adelante es ahora un acto más temerario que valiente y solo el destino dirá si todo este esfuerzo está siendo en vano o no. ¿Será suficiente la voluntad para acabar con Los cuatro Reyes Celestiales?

 

 

 

 

 

Yoshitake, Shinsuke. Mis razones. Pastel de Luna, 2022. Hurgarse la nariz, morderse las uñas, mover las piernas sin parar, correr por los pasillos... Su madre quiere que corrija todos sus malos hábitos, pero él tiene un montón de buenas razones para seguir con sus costumbres. La imaginación de los niños no tiene límites, a veces para desgracia de sus padres. Otra delicia del aclamado autor japonés Shinsuke Yoshitake, ganador del Premio La Petita 2021 con el libro La Curiosa Librería. Prepárate para reír.