lunes, 29 de octubre de 2018

Maternidad(es)

Aki Shimazaki, Hôzuki, la librería de Mitsuko (Hôzuki, 2015)
Yasujiro Ozu, Crepúsculo en Tokio (Tokyo boshoku, 1957)
Mamoru Hosoda, Wolf Children (Ookami Kodomo no Ame to Yuki, 2012)
Mejor película de animación en los festivales de cine fantástico de Amsterdam y Sitges, en los Premios de la Academia Japonesa, Mainichi Film Concous y Tokyo Anime Award.

Maternidades presentes y ausentes, negadas o deseadas, pero siempre cambiantes. Las obras que hemos seleccionado giran en torno a la influencia materna en los hijos y a cómo las mujeres, protagonistas indiscutibles de los tres relatos, afrontan el gran cambio que supone convertirse en madres.

Wolf children ( o Los niños lobo Ame y Yuki) combina la claridad y sencillez en el discurso, apto para todos los públicos, con una reflexión profunda sobre muchos temas: la humanidad como amenaza y esperanza de la naturaleza o la contraposición entre los modos de vida rural y urbano (como en Summer Wars), el acercamiento y alejamiento continuos entre progenitores e hijos (lo que recuerda a El niño y la bestia) o la necesidad de dejar ir a los seres queridos (La chica que saltaba a través del tiempo).
Fantasía y realismo cotidiano se funden para recordarnos que las relaciones maternofiliales, basadas inicialmente en la disponibilidad y protección permanentes, se transforman, al llegar la adolescencia -otra constante en los guiones de Mamoru Hosoda y Satoko Okudera-, en observación por parte del adulto del proceso de descubrimiento de quiénes son y qué destino eligen sus hijos.


"Encima de la manta habían puesto
un tallo de hôzuki con dos frutos.
Los cálices eran grises
y fibrosos, pero los frutos se mantenían
vivos y de un naranja brillante."
A los lectores nos suelen atraer las novelas que hablan sobre librerías y también nos atrapan las historias que demuestran cómo los significados que otorgamos a las palabras moldean la realidad. Hôzuki añade a estos elementos una prosa eficaz y un hábil manejo de la información, con los que su prolífica autora, Aki Shimazaki, presenta a tres mujeres que esconden sucesos del pasado y no son (solo) lo que parecen ser.
Entre ellas destaca Mitsuko, alguien que inicialmente rechaza asumir responsabilidades -nunca celebra el Seijin no hi, el Día del adulto- pero que acabará encontrando en su hijo un punto de anclaje con el mundo.
El estilo de  Shimazaki recuerda al de dos contemporáneas -Banana Yoshimoto y Yoko Ogawa en algunos de sus relatos- al introducir casualidades poco probables que aportan un elemento cuasi mágico a la narración.

Crepúsculo en Tokio, del ya conocido Yasujiro Ozu (Cuentos de Tokio, Buenos días), presenta algunas coincidencias argumentales y la misma conciencia de la "tristeza de las cosas (mono no aware)" que la novela.
Ver esta película nos convierte en espectadores más conscientes. La cámara fija actúa como los ojos que observan la vida cotidiana; de ahí el demorarse en los gestos sin importancia o el continuar presente cuando el núcleo de la escena ha finalizado, como si se resistiera a abandonar el lugar. Y, en tiempos donde las imágenes tienden a ser lo más espectaculares y explícitas posibles, nos enseña que la sutileza pueda transmitir, para una mirada atenta, muchos más significados.
En esta línea, la crítica más interesante que podemos encontrar en la web es de Miguel Muñoz-Garnica. Solo queda añadir dos notas: como en otras películas de Ozu, está muy presente la convivencia de la tradición oriental con la influencia occidental, que aquí se refleja tanto en los carteles de las calles como en los dos tipos de bares y los distintos modelos de ocio.
Y, como curiosidad, seguro que a los más veteranos de la tertulia os han resultado familiares los rostros de dos actores clave en la filmografía japonesa: Setsuko Hara, inspiradora de Millenium Actress, y Chishu Ryu (Los sueños de Akira Kurosawa, La condición humana III: La plegaria del soldado).

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