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miércoles, 11 de septiembre de 2024

Fantástico y cotidiano

Hiroko Oyamada, Agujero (Ana, 2014)
Yukiko Motoya, Selección automática (Anata ni ososume no, 2021)
Hiromasa Yonebayashi, Arriety y el mundo de los diminutos (Karigurashi no Arrieti, 2010)

La introducción de elementos extraños o fantásticos dentro de la vida cotidiana es un recurso narrativo familiar para el club de lectura. Por ejemplo, nos hemos encontrado con él en algunos relatos de autoras contemporáneas, animes (Your name, Wolf children) o películas como Nagasaki. Recuerdos de mi hijo. Incluso le dedicamos al género una sesión específica, en la que ya leímos relatos de Yukiko Motoya; esta vez, os proponemos obras que hablan, entre otras cosas, sobre comunicación e incomunicación.

Hace pocos meses, al comentar novelas que reflejaban la experiencia de la soledad, recordamos cómo Julio Cortázar defendía la eliminación de las fronteras entre lo que consideramos real y lo mágico, para permitir que lo segundo influyera en nuestras vidas. Aunque no lleguemos tan lejos, podemos comprobar en las historias de Hiroko Oyamada que añadir elementos fuera de lo común nos permite ver con más claridad lo que, por habitual, hemos dejado de percibir.
La escritora japonesa ha planteado la misma idea en varias entrevistas: «Lo real y lo fantástico, lo ordinario y lo extraordinario son indisociables. Aquello que hemos creído siempre ordinario y real también puede contener algo extraño y casi delirante» (eldiario.es); «En nuestras vidas cotidianas ordinarias hay un elemento de lo extraño, de lo inusual, tal vez de locura. Todas estas cosas forman parte de nuestra vida, pero creo que lo que sucede es que muchas veces nos acostumbramos a ello en el transcurso de nuestras vidas y no las vemos o no nos percatamos de ellas» (JFNY Literary Series).
«(...) Yo creo que no tienen interés. O puede que no lo vean, simplemente (...) No son el tipo de persona que se va  fijando en un animal que camina por ahí, en la cigarra que vuela por allá, en el trozo de helado caído en el suelo, en el hikikomori. No se fijan. Son personas que no miran, vaya. Los que no quieren ver no ven. También hay muchas cosas que tú no estás viendo.»

«(...) me parece enfermizo, pero será que los humanos somos así, siempre hay alguien que tiene que sufrir. Solo espero que no te toque a ti. Pero tú elegiste esto por voluntad propia...» «¿Qué quieres decir con "esto"?» «Me refiero a aceptar esta especie de corriente que te arrastra. "Eso" de lo que hui yo.»
Entre el calor sofocante del verano y una nevada imprevista en invierno, la autora nos sitúa en entornos rurales y comunidades cerradas, donde se ven obligados a permanecer habitantes de la ciudad, narradores en primera persona de su propia desorientación. Su capacidad de generar ambientes a partir de la atención a los detalles y a las sensaciones físicas subraya con eficacia reflexiones sobre temas recurrentes:
  • Una visión crítica de los efectos del capitalismo, concretados en cómo la inestabilidad laboral y la desigualdad de ingresos determinan las relaciones sociales y las expectativas de pareja.
  • La maternidad y la crianza como vías alternativas al trabajo para cumplir con la exigencia social de ocupar un rol productivo... y evitar el cuestionamiento o la invisibilización.
  • Todo lo que desconocemos y nos separa de los otros -los silencios y el tiempo que no compartimos-.
  • La presencia constante de lo violento y la muerte en la naturaleza y en nuestras vidas.
El Agujero físico funciona como una imagen clara del pozo en el que se encuentra su protagonista, así como de la importancia de mirar el mundo desde otra perspectiva. Sin comadrejas es un ejemplo perfecto de la tesis de Ricardo Piglia acerca de cómo un cuento siempre cuenta dos historias, que en la tradición del relato contemporáneo conviven permanentemente. Y Una noche en la nieve muestra cómo el narrador se encuentra cada vez más distanciado de los demás: comienza por no compartir la bebida y la comida; continúa mostrándose incapaz de relacionarse con el bebé con el mismo afecto que el resto de personajes; finaliza alejado de las emociones más profundas de su esposa, sin formar parte de eventos vitales.

En Selección automática, que reúne dos novelas cortas, Yukiko Motoya continúa con la representación crítica de la sociedad actual y de las relaciones interpersonales que aparecía en su anterior recopilación de cuentos, Mi marido es de otra especie. Sin embargo, aquí opta por ser mucho más explícita en comparación con las metáforas que dominaban su anterior obra; crea un drama sin esperanza que deriva hacia la reflexión existencial y una comedia del absurdo que bordea lo trágico.
(...) ¿Te refieres a vivir como ser humano? Lo raro es querer buscar un sentido a lo que nos humaniza.
(...)
-Oshiko, ¿tú no quieres que tus hijas, Hara y Tsumu, vivan como seres humanos de verdad?
-¿Como seres humanos? Eso es imposible -repuso ella sin poder aguantarse la risa.
La primera historia genera un intenso desasosiego. Es una distopía muy factible al describir una forma de vida ahora considerada deseable por muchas personas, mientras olvidan (u obvian intencionadamente) cómo las elecciones tecnológicas impulsadas por el mercado y la política tienen consecuencias personales y sociales. Nos plantea preguntas sobre nuestra identidad y la posibilidad de encontrar formas de resistencia eficaces. Específicamente, recuerda la importancia de desarrollar una inteligencia artificial dirigida a mejorar a los humanos -usándola para ayudarnos a desarrollar nuevas competencias- y no a aumentarlos -con máquinas realizando tareas de manera más productiva- (una distinción propuesta hace varias décadas por Warren Brody y recuperada por Evgeny Morozov).
Es inaudito que diga que en una situación excepcional como esta no está bien que, sin pensar en los demás, hagamos acopio excesivo de agua; es irresponsable hablar así cuando nuestro deber es garantizar nuestra libertad y nuestro derecho de acción. La gente que habla sin tener en cuenta este aspecto y alude al vínculo entre las personas o al comportamiento ético de los japoneses resulta un incordio, una molestia para los demás.

-Lo más natural es tirar la basura en los jardines de gentuza como esa. Hay que hacerlo así. Y, si les disgusta, que se apañen y se apliquen a limpiar más a menudo.
Mis eventos (la propia autora ha realizado su adaptación teatral) nos enseña que la sátira es una vía perfecta para denunciar la irracionalidad e inhumanidad de muchas corrientes de pensamiento en alza: preparacionistas, libertarios, fieles de la religión meritocrática, anarcocapitalistas, ultraliberales... Todos comparten algunas creencias: tener más dinero legitima acceder a más derechos, quienes sufren lo merecen por no haberse esforzado lo suficiente, es lícito externalizar a los más débiles los efectos negativos de mi conducta. Pero olvidan que, en algún momento, beneficiarse de la desigualdad genera consecuencias. Este cuento es una buena oportunidad para cuestionarnos cuánto espacio y atención públicos prestamos a personas con un discurso tan burdo como el de Katsuyuki.

Como contrapunto a dos obras centradas en la separación entre las personas, Arriety y el mundo de los diminutos aboga por la unión entre diferentes que reconocen su fragilidad e interdependencia. Como en otras películas de Miyazaki -aquí coguioniza la adaptación de la novela Los incursores-, hay un alegato ecologista y una advertencia sobre el papel destructor de los humanos. La protagonista vuelve a ser una valiente niña-adolescente en su paso a otra etapa vital, simbolizada en el descubrimiento de un nuevo mundo exterior.
Pese a las diferencias de tono con los cuentos que incluimos en esta sesión, el anime tiene también puntos de coincidencia: como Agujero, nos invita a descubrir la realidad desde nuevas perspectivas y, al igual que Mis eventos, propone una fábula social.

viernes, 9 de septiembre de 2022

Autoras contemporáneas

Dado que la decisión de casarse se basa únicamente en el consentimiento de ambas partes, la continuación de la relación matrimonial también se basa en ese consentimiento.
Minako Oba, 1987
Para hacer niños (...) lo único que se necesita es la voluntad de la mujer (...) Si la mujer desea, o no, estrechar entre sus manos un bebé, un niño; si ha tomado la decisión de vivir con él en lo sucesivo, pase lo que pase. Solo esto. Y son buenos tiempos para ello.
Mieko Kawakami, Pechos y huevos 
Volvemos del verano con una propuesta especial, a través de la que queremos dar voz a algunas autoras japonesas que desarrollaron su carrera en la segunda mitad del siglo XX y fueron ubicadas en la denominada Nueva Literatura Femenina japonesa. A pesar de que tuvieron un papel relevante en el mundo cultural nipón (por ejemplo, entre las cuatro reúnen dos premios Akutagawa, dos Women's Literarary Prize, dos premios Noma y dos premios Tanizaki, además de otros galardones: Shinchosha, Yomiuri, Kawabata, Izumi Kyoka, etc.), hasta ahora apenas han recibido atención por parte del mercado literario español.
En ellas encontramos intereses y posiciones comunes, en especial al abordar el papel de la mujer en su sociedad (incidiendo especialmente en la maternidad, las relaciones de pareja y la independencia económica), reivindicar nuevos espacios de expresión y decisión y aportar una visión poco complaciente de lo cotidiano, destacando los aspectos más problemáticos de las dinámicas de cambio social y las disfunciones del sistema. Presentan mujeres protagonistas -varias de ellas en torno a los treinta años, como etapa fronteriza entre la juventud y la edad adulta- que deben lidiar con relaciones maternofiliales y de pareja ambivalentes (hay una lucha constante entre cuidado y rechazo, dependencia y dominación). Y, del mismo modo que no son complacientes en el discurso, tampoco se amoldan a las formas narrativas tradicionales; por ejemplo, otorgan un papel central a los sueños y fantasías, como reflejo de los deseos, temores y compulsiones más ocultos.
Hemos completado esta selección con una obra mucho más actual, unida a las anteriores por algunos de los temas que aborda y que también ha recibido el reconocimiento de la crítica de su país. ¿Creéis que se trata de una heredera directa?

Yuko Tsushima, Territorio de luz (Hikari no ryobun, 1979)
Y, a pesar de que me era imposible mantener el equilibrio, descubrí que no me terminaba de caer. Más bien parecía estar echando raíces ahí mismo, esperando, terca, a que naciera un brote.
 
Los doce capítulos que conforman esta novela, relato de un año de vida, fueron publicados mensualmente en la revista japonesa Gunzo entre 1978 y 1979, cuando su autora había superado recientemente la treintena. Sumando otras coincidencias biográficas con la protagonista, es tentador, por tanto, relacionar la obra con su propia experiencia vital, sobre todo cuando recordamos la figura de su padre y su estilo carente de autocomplacencia. Pero, evidentemente, en el relato hay mucho más aparte de la filiación de la escritora y los posibles elementos autobiográficos ("Escribo ficción, pero experimento la ficción que escribo. En ese sentido, ya no es ficción, sino realidad", declaró).
La protagonista vive instalada (desorientada) en un no-lugar y en un no-tiempo vital: un edificio de oficinas sin más residentes, durante el periodo en que debe reconstruirse y aceptar la ruptura de su relación de pareja. Sin embargo, el conflicto central en esta encrucijada es la imperiosa necesidad de establecer una nueva relación con su hija, el elemento más tangible e importante de su vida.
En el retrato íntimo y en la presentación del contexto social y económico (1) de la época, Tsushima entremezcla luz y oscuridad, alegría y tristeza, ternura y violencia, respeto comprensivo y coacción externa, esperanza y el temor a asistir a una desestructuración progresiva de la protagonista, conforme van ganando protagonismo los sueños.
Nada se nos oculta. Tsushima pone a prueba nuestra capacidad para suspender el juicio negativo sobre una narradora que transmite su frustración y dolor a una niña indefensa, mostrándonos los mecanismos de presión, culpabilización y fomento de la dependencia que pesan sobre aquella. Porque ¿recibe suficiente apoyo de quienes la rodean?
 
(1) A finales de los setenta y principios de los ochenta se produjo un repunte en las tasas de divorcio en Japón, que algunos atribuyeron a la segunda ola del feminismo. El país seguía manteniendo la idea de que el cuidado de los hijos debía ser la máxima prioridad de las mujeres.
Como en el resto del mundo, en los años en que se redactaba esta novela la economía japonesa se vio muy afectada por el incremento del precio del petróleo. Pese a que el crecimiento económico anual siguió siendo mejor que la media internacional, en 1980 se llegó a financiar la tercera parte del gasto público con emisión de deuda, una cifra cuatro veces superior a la de seis años después.
 

Taeko Kono, La caza del niño (Yoji-gari, 1961)
Los niños pequeños habitaban un mundo tan infinitamente sano (...) cualquier cosa fuera de lo normal en ella podía pasar desapercibida allí (...) la acompañaban en sus juegos, a veces casi parecían incitarla.
Este perturbador relato recoge buena parte de los temas comunes señalados al principio, en especial la ruptura con los roles y actitudes que se esperaba de las mujeres en la sociedad del momento, así como la problematización de las relaciones de pareja, que no aparecen aquí como espacios seguros ni permanentes.
Lo hace añadiendo una dosis cada vez mayor de incomodidad en cada página, haciendo crecer la sensación de amenaza -que nace más de la atracción hacia los niños, convertidos en objetos de deseo, que de su radical rechazo a las niñas- sin que sea necesaria una explosión de violencia explícita.
Distanciándose de la acción, con frialdad, sin emitir diagnósticos, Kono plantea preguntas que no responde; de aquí, quizá, surge buena parte del desasosiego que acompaña la lectura. Una buena muestra de cómo un relato conciso y de estructura perfecta, centrado en lo que se suele mantener oculto (traumas, recuerdos, fantasías, compulsiones), puede hacernos reflexionar sobre lo visible.

Minako Oba, La sonrisa de una bruja de la montaña (Yamanba no bisho, 1976)
Escribir sobre el resentimiento y los sueños de muchas generaciones de mujeres, todas entrelazadas en una sola voz; poner por escrito lo que algo espiritual te dicta que digas: creo que ese es el poder de la literatura.
Entrevista con la autora (1994)
Pensadora social formada en Estados Unidos, además de escritora, Oba demuestra el potencial de trasladar los mitos de la fantasía clásica a la contemporaneidad, aprovechando el potencial de las metáforas para reflexionar sobre la realidad.
En este ensayo encontraréis un interesante análisis del cuento, que centra la mirada en sus aportaciones sobre la maternidad, la valoración del cuerpo, el tratamiento médico de las mujeres y las expectativas masculinas.

Yumiko Kurahashi, La cabeza de Apolo (Aporon no kubi, 1986)
Pero, si me preguntas, la cabeza era más hermosa que cualquier hombre (...) En comparación, Toru, mi prometido, era una bestia maloliente. Sea como fuere, al año siguiente, una vez casados, Toru y yo debíamos irnos juntos a Europa. Su único atributo genuino era su genio musical.
 
¿Cómo no recordar a Yukiko Motoya al leer este relato? La fantástica metamorfosis de algunos elementos lo vincula a tradiciones europeas precristianas y al animismo asiático y, con más humor que el resto de obras propuestas, vuelve a poner la mirada en la naturaleza de las relaciones de pareja y las posibilidades de toma de decisiones por parte de la mujer.
En la antología El Japón de los perros, disponible en la biblioteca, podéis leer otro de sus relatos, Perros y muchachos.


Mieko Kawakami, Pechos y huevos (Natsu Monogatari, 2020)
¿Tendría yo alguna vez un hijo? ¿Sucedería algún día? ¿Podía tener un hijo alguien como yo, que no amaba a ningún hombre, que no pensaba enamorarse de ningún hombre, que no deseaba ni podía tener relaciones con ninguno? Había empezado a pensar en esta posibilidad.
El extenso relato que os proponemos tiene como antecedente una novela breve (Chichi to Ran) publicada en 2008; la autora comentó en Twitter: "Escribí Pechos y huevos desde cero en 2019. Utilicé los mismos personajes y escenarios de la novela que había escrito hace diez años, pero tanto el libro I como el II de Pechos y huevos fueron escritos en 2019. Es un libro completamente diferente al primero".
Construida, como los textos anteriores, a partir de voces femeninas, puede leerse como un compendio de los intereses que estos mostraban: relaciones maternofiliales y de pareja en un contexto social y económico donde las mujeres reciben una fuerte presión social para amoldarse a un rol determinado. ¿En qué ha cambiado su situación desde los años 60 - 70 a la actualidad? Por cierto, la autora comparte con las hermanas buena parte de su biografía
Al aportar una mirada atenta sobre el cuerpo, Kawakami nos recuerda que es fuente de conflictos, e inseguridad,  pero también de identidad y deseo. A través de detalladas descripciones de cómo la narradora percibe lugares, personajes y acciones explora sus caracteres y genera un determinado clima emocional. Gracias a los diálogos, podemos compartir sus dudas y las distintas posiciones posibles, ya que la autora huye de las respuestas cerradas, mientras muestra cómo la conducta observable esconde anhelos y dudas comunes:
Creo que los deseos y las experiencias de Makiko y Natsuko no son para nada extrañas, sino muy naturales para los humanos. Si logras sobrevivir siendo arrinconado por cosas que no entiendes, con suerte podrás aferrarte a ellas, pero, aún así, creo que la vida transcurre de forma relativamente confusa.
Entrevista en Japonistas Chile

domingo, 5 de septiembre de 2021

Banana Yoshimoto

Sueño profundo



Sueño profundo (Shirakawa yofune, 1989)
Tsugumi (Tsugumi, 1989)
Recuerdos de un callejón sin salida (Dedoendo no omoide, 2003)




En 2019 os propusimos un acercamiento a la obra de Haruki Murakami. Ahora lo hacemos con la que seguramente es, junto a este autor, la figura de la literatura japonesa más conocida en nuestro entorno y una referencia clave en su país de origen.
Pese a que las novelas, cuentos y ensayos de Banana Yoshimoto suelen llegar con muchos años de retraso a los mercados internacionales, el éxito de su publicación a partir de los años 90 fue el precedente y facilitó el camino de muchas escritoras niponas que hemos conocido con posterioridad (Hiromi Kawakami, Yoko Ogawa, Sayaka Murata, Aki Shimazaki, etc.). Todas ellas se pueden considerar herederas del movimiento "New Woman", surgido en el periodo de entreguerras, y de la progresiva recuperación del protagonismo de la literatura realizada por mujeres durante la segunda mitad del siglo XX.

La novela y los ocho relatos seleccionados, pese a corresponder a dos momentos diferentes de su carrera, son un claro ejemplo de las constantes de su narrativa. Aquí os proponemos algunos apuntes que pueden acompañar vuestra lectura o servir de base para el debate.
Inconscientemente, nos esforzábamos en soterrar las emociones más turbias, y estas iban depositándose en el fondo de nuestro corazón (...) Cada cual tiene que llevar el peso de lo que ha sido en cada momento, un revoltijo de cosas buenas y de cosas no tan buenas, y debe vivir cargando con ese peso a solas.
Tsugumi
1. Aunque escritas desde su punto de vista muy centrado en lo personal -las vivencias, pensamientos y sensaciones de sus protagonistas-, en estas páginas se encuentra también un retrato de la sociedad contemporánea y sus efectos.
Algunos críticos de una generación previa, como Kenzaburo Oé, tachan su producción y la de otros autores contemporáneos de seudoliteratura carente de valores estéticos y compromiso político. Consideran que solo merece despertar un interés sociológico como producto y reflejo de una subcultura basada en el consumo, el manga shojo, lo pop y la voluntad de permanecer en una eterna adolescencia tardía.
Sin embargo, Yoshimoto nos presenta un contexto muy real, en el que los personajes mantienen vínculos que aparentan ser frágiles y cambiantes, por lo que tienen una fuerte conciencia de la individualidad imperante y su correlato, la sensación de soledad no buscada. Para ellos, resulta difícil crear en la estabilidad de instituciones como la familia y el empleo que, por cierto, ha dejado de ser un vehículo eficaz para definir su existencia. ¿No son estas las características negativas de la posmodernidad o a lo que se refería Zygmunt Bauman con su concepto de modernidad líquida?

2. Para acrecentar esta sensación, conocemos a los personajes en un paréntesis vital que anticipa un cambio importante o les hace experimentar un vacío existencial -jóvenes en la frontera de la edad adulta, relaciones amorosas en crisis, desempleo-.
Esta desorientación se refleja, en ocasiones, en su percepción distorsionada del espacio y el tiempo o en la confusión entre sueño y realidad. Así, lo sensible adquiere una textura algo alejada de lo habitual. Aparecen señales a las que los narradores de cada historia, observadores atentos de su microcosmos personal, prestan atención y de las que, una vez superada la confusión, obtienen respuestas o impulso.

3. Las creaciones de la autora giran alrededor de la experiencia de la pérdida y el sufrimiento en sus múltiples manifestaciones -ausencia, nostalgia, aislamiento y, por supuesto, su forma definitiva, la muerte-. Pero, al mismo tiempo, está siempre presente la búsqueda de la felicidad y el amor. Yoshimoto no es una escritora pesimista: nos muestra cómo la esperanza y la sanación residen en el encuentro (o su recuerdo) sincero y positivo con otra persona. Es decir, está convencida de que, tras una experiencia traumática como la que viven muchas de sus protagonistas, es posible crear una identidad propia y un sentido, encontrar un lugar en la sociedad y alcanzar algo de estabilidad o, al menos, mirar con cierto optimismo hacia el futuro.

"Cuando era joven, escribía para aliviarme yo misma de las heridas sentimentales o de la soledad y pensaba que si esas obras también ayudaban a mis lectores, estaría bien (...) Ahora, primero escribo para que mis obras ayuden a los lectores".

4. En algunos relatos tienen gran importancia - incluso son el eje central de la historia- personajes invisibles, no presentes, a los que conocemos solo a través de los recuerdos que nos trasladan las voces narrativas; de ahí los saltos temporales y su estructura no lineal. La propia autora nos recuerda lo subjetivo y parcial de este acercamiento cuando señala, en varias ocasiones, todo lo que escondemos a los demás o no percibimos de nosotros mismos.
Quizá por ello parece sentirse atraída por quienes muestran una especial perspicacia y son capaces de intuir lo que siente o necesita su interlocutor, más allá de sus palabras y conducta. A través de ellos, del vínculo que establece constantemente entre naturaleza y sentimientos, y del reconocimiento de la relación entre los recuerdos, los objetos y las personas, podemos acercarnos al verdadero yo.

Información adicional
  • Alberto Silva escribió, hace ya una década, un clarificador artículo sobre la obra de esta creadora, vinculándola a las tradiciones religiosas, filosóficas y literarias de las que se nutre.
  • En esta entrevista Banana Yoshimoto incide en algunos de los temas que hemos señalado.
  • Tsugumi fue adaptada al cine por Jun Ichigawa en 1990, mientras que la película de 2016 basada en Sueño profundo corrió a cargo de Shingo Wakagi.

"No escribo sobre hechos reales ni personajes existentes.
Escribo sobre historias no basadas en acontecimientos reales bajo un contexto de fabulación realista" (cooljapan.es)

sábado, 15 de mayo de 2021

Lo extraño en lo cotidiano

Yukiko Motoya, Mi marido es de otra especie (異類婚姻譚Irui kon'in tan, 2016)
Premio Akutagawa 2015
Satoshi Kon, Perfect Blue (パーフェクトブル, 1997)
Naomi Kawase, Viaje a Nara (Vision, 2018)
Extraño, -na. 2. Raro, singular. 3. Que es ajena a la naturaleza o condición de otra de la cual forma parte. 4. Que no tiene parte en algo. 5. Movimiento súbito, inesperado y sorprendente.


La atmósfera de irrealidad de las historias que recoge Mi marido es de otra especie refleja con eficacia -seguramente más que un relato realista, por la capacidad de sugerencia que añade- los males de la sociedad contemporánea.
En la novela corta que da título al volumen nos encontramos con personajes que huyen de las responsabilidades, las preocupaciones o el posible sufrimiento asociado alienándose en un entretenimiento vacío que ocupa el lugar del pensamiento, o comiendo compulsivamente para obtener una gratificación instantánea.
-Si vuelvo a comer, me voy a atontar.
-¿Y qué? No pasa nada porque te atontes.
-Si me atontara, no podría hacer cosas importantes.
Sin embargo, esta decisión, consciente o inconsciente, de anestesiar las emociones negativas tiene como contrapartida convertirlos en sujetos pasivos. En este sentido, los rasgos desdibujados y caídos de la pareja protagonista son una metáfora de la falta de identidad individual.
Como en Un marido de paja, hay aquí un retrato descarnado del matrimonio como relación sin diálogo significativo, en el que priman la comodidad y la monotonía sobre la vida. El episodio con el gato del matrimonio de ancianos y la simetría final entre el destino del animal y el del esposo resaltan la distancia emocional entre las personas, en contraste con el fuerte vínculo con la mascota.
Los elementos fantásticos del relato -como las transformaciones mágicas- y las referencias explícitas a cuentos populares remiten a la tradición mítica japonesa, a la que ya nos hemos acercado en la tertulia

Las tres cuentos que completan el volumen mantienen o, incluso, incrementan la sensación constante de amenaza, basada en la sospecha / confirmación de que la naturaleza de los personajes es otra, escondida bajo su apariencia humana o animal.
En Los perros, el distanciamiento voluntario de la sociedad y el miedo a la diferencia se intuyen como los elementos centrales. ¿Nos debe preocupar más saber quiénes son ellos -seres sin nombre, o con uno que nada tiene que ver con su esencia- o la conducta de la narradora anónima, satisfecha por cumplir su deseo de la infancia? El origen del posible peligro y amenaza dejan de ser los animales cuando descubrimos qué siente la narradora.
El baumkuchen de Tomoko desvela sin concesiones la fragilidad y absurdo de la vida a través de los ojos de una ama de casa. Ella descubre con pavor que todo es una simulación, tanto lo habitual como aquello que lo sustituye; el pastel de varias capas, con un agujero central, actúa como reflejo material de su propia vida: siempre girando, vacía, con una esencia enterrada bajo varios estratos independientes.
Por último, en Un marido de paja hay una violencia latente que, al no explotar del todo, resulta aún más ominosa; el contraste entre el idílico inicio y la descripción del conflicto incrementa esa sensación.  El último párrafo no deja lugar a dudas sobre qué ha decidido hacer Tomoko con su marido, tras salvarlo una vez y vencer la tentación de quemarlo.
La voz narrativa de Yukiko Motoya es un valioso descubrimiento, comparable al de otros narradores que nos muestran la realidad a través de elementos fantásticos. En la tertulia, por ejemplo, hemos leído a  Yasutaka Tsutsui, Haruki Murakami y Banana Yoshimoto.

* * *
-Eres mercancía marcada (...) Ya no le gustarás a nadie. Sucia, mancillada"
Perfect Blue, la primera película de Satoshi Kon (Millenium Actress, Tokyo Godfathers, Paprika), aborda algunos de los temas también presentes en los cuentos. Su retrato de la sociedad contemporánea se centra en el lado más oscuro del fenómeno fan -en este caso, a través de los wota- y en la crítica de la industria del entretenimiento.
-No llegarás a estrella con esos morros. ¡Sonríe!
El guion de Sadayuki Murai -basado en una novela inédita en castellano- revela cómo, al ritmo que marcan las estrategias para mantener los beneficios generados por el consumo, el star system devora a los artistas en su persecución del éxito. Las personas se convierten en mercancía, materia prima a utilizar de la forma más provechosa posible hasta ser desechada, aunque eso pase por su conversión en objetos que se mueven, según convenga, entre la sexualización y lo kawaii (este ensayo analiza en profundidad el fenómeno J-pop y resuelve esa aparente contradicción).
-¡Ya ni siquiera sé quién soy!
Este proceso de desindividualización, sumado al cine como espacio donde actuar supone asumir otro yo en un entorno no real y a un internet naciente -que ya parecía mostrarse como el paraíso de la apariencia y la suplantación-, es el marco perfecto para desarrollar una historia centrada en la pérdida de identidad profesional y personal de Mima y el temor y desorientación que le genera. Su primera frase como actriz es "¿Quién eres?" y, al igual que en los relatos de Motoya, nos preguntamos quién es ella o si esconde otra naturaleza debajo de capas ocultas.
Al mismo tiempo, son varios los personajes que, en ese falso mundo del espectáculo, tienen dificultades para diferenciar realidad y ficción. Sensación parecida consigue crear el director en el espectador, perdido durante la intensa media hora final en un apasionante laberinto de espejos (cristales rotos, ventanas del metro) que reflejan infinitamente imágenes distorsionadas -un thriller psicológico dentro de otro thriller titulado, no por casualidad, Doble vínculo- .


 * * *

En Viaje a Nara lo extraño está presente en varios de sus significados: hay encuentros entre personas desconocidas, una extranjera, premoniciones, sucesos excepcionales y ensoñaciones.
Nos reencontramos con temas y escenarios de películas anteriores de Naomi Kawase (El bosque del luto, Shara, Una pastelería en Tokio, Hacia la luz): la naturaleza como marco para encuentros que alivian la soledad y, a la vez, reflejo de las emociones de los personajes; retazos de cine documental -con los testimonios de los ancianos-; la maternidad y la importancia de cerrar procesos familiares dolorosos -ella fue abandonada por sus padres y criada por una tía-; la inevitable presencia de la muerte y las reflexiones sobre el paso del tiempo.
En el cine todo tiene que ver con la visión, naturalmente (...) Los cambios muy sutiles, como la luz, transmiten el estado de ánimo y reflejan los recuerdos o cómo se siente una persona; de otra manera, no se verían. (filmcommment.com
De la misma forma, nos resulta conocida su belleza formal y exquisito tratamiento de la luz, los colores y el sonido. El gran protagonista es el bosque, y la directora nos empuja a tomar conciencia de cada detalle, sus ritmos y diversidad. Guste o no tal impulso contemplativo -que también aplica a los rostros de sus protagonistas- nada se puede objetar a esa actitud.
Más confusa resulta cuando intenta convencernos, cual revelación mística, de las bondades de aplicar a las personas el ciclo de destrucción y renacimiento propio de la naturaleza (paso de la pérdida y el dolor al encuentro y el consuelo). Aunque, seguramente, el problema no está en qué nos cuenta sino en cómo lo hace. Cierta frialdad sobrevuela la película. ¿Se debe al excesivo tono simbólico de algunas escenas? ¿A la ausencia de "química" entre los actores? ¿A la posible confusión generada por los flashbacks, no resuelta hasta el final? ¿A llevar demasiado lejos la tesis, expresada por Jeanne, de que la capacidad de entendernos no reside en las palabras?


jueves, 20 de agosto de 2020

Mitos, leyendas y cuentos tradicionales

Luis Caeiro, Cuentos y tradiciones japoneses I. El mundo sobrenatural II. El mundo animal (1993, 1994)
Algernon Freeman-Mitford, Historias del antiguo Japón (Tales of Old Japan, 1871)
Richard Gordon Smith, Cuentos tradicionales de Japón (Ancient Tales and Folklore of Japan, 1906)
Carlos Rubio, Los mitos de Japón. Entre la historia y la leyenda (2012)
Kayoko Takagi, El espíritu del agua: cuentos tradicionales japoneses (2009)

Las narraciones tradicionales en las que están presentes elementos extraordinarios se encuentran en la base de todas las culturas y, por su importancia, suelen reaparecen de forma habitual en obras posteriores. Esa presencia es especialmente significativa al hablar del folklore japonés.

Por eso, en las recopilaciones propuestas encontraréis personajes y temas que hemos visto en, por ejemplo, Pompoko (Isao Takahata), el primer corto de Los sueños de Akira Kurosawa, el desfile alucinado de Paprika (Satoshi Kon), Los cuentos de la luna pálida (Kenji Mizoguchi), La balada de Narayama (Keisuke Kinoshita), Kwaidan (Masaki Kobayashi), El cuento del cortador de bambú (Kayoko Takagi, ed.), En el Japón fantasmal (Lafcadio Hearn) o El verano de Coo (Keiichi Hara).

Con mayor o menor fidelidad a los originales, demuestran la capacidad de sugerencia de relatos que, en algunos casos, han pervivido durante más de mil años en el imaginario nipón.

En la tertulia, el análisis y comentario compartido de estas obras puede tener varios puntos de partida:

  • ¿Qué historias os ha sorprendido / gustado más? ¿Por qué, qué elementos las hacen especiales? ¿Cómo os habéis sentido al transportaros a otra época, lugar y forma de ver el mundo?
  • ¿Detectáis aspectos comunes entre ellas?
  • ¿Hay similitudes entre la tradición cultural japonesa que se refleja en estos cuentos y otros mitos más cercanos a nuestra experiencia habitual? ¿Nos genera extrañeza el mundo que presentan o, por el contrario, conecta con nuestros propios relatos?
  • ¿En qué son radicalmente diferentes a nuestras cuentos tradicionales? ¿De dónde creéis que procede esa diferencia?
  • ¿Identificáis distintos enfoques en la forma en que los autores interpretan los relatos que recopilan? ¿En qué medida dependen de la procedencia del autor?

La lectura de algunos de estos libros -no es necesario revisar todos, ya que encontraréis varias historias comunes- nos permite descubrir imágenes comunes a muchas otras tradiciones. Carl G. Jung las identificó como eventos (nacimiento, separación de los padres...), figuras (dios, pícaro, héroe...) y motivos (p. ej., la creación) arquetípicos. La Universidad de Vermont ha identificado recientemente seis arcos emocionales fundamentales, y Kurt Vonnegut hizo algo similar en sus ocho tipos de historias, según la conducta de sus personajes. Aunque estas clasificaciones están basadas en la literatura occidental, os animamos a catalogar los cuentos japoneses a través de estas etiquetas para descubrir sus estructuras profundas.


Seguro que disfrutáis al adentraros en un universo lleno de nacimientos milagrosos, niños abandonados, madrastras, princesas submarinas, seres mágicos y animales con características humanas. Al mismo tiempo, podréis ver cómo se usan estos cuentos para explicar fenómenos naturales o reflejan y, en algunos casos, refuerzan los tabúes, ritos y constumbres sociales, roles de género y desigualdad social de la época en que fueron concebidos.

Muchos de ellos incluyen una moraleja sobre la importancia de cumplir las promesas, o muestran el destino positivo (muy unido al ascenso social por la adquisición repentina de riquezas) que espera a quienes se comportan con bondad y generosidad y respetan los valores religiosos.

Por último, os encontraréis con narraciones de tono muy distinto, que oscilan entre el relato infantil -con una estructura basada en la repetición  y acumulación de elementos-, el humor y la tragedia, con estallidos de violencia, traiciones, venganzas y amores desgraciados. En definitiva, un completo viaje por la mitología y las leyendas japonesas.

Para un análisis muy detallado de este tema, os recomendamos algunos de los ensayos recopilados en Japón y Occidente. El patrimonio cultural como punto de encuentro. Especialmente, por aportar una perspectiva general y defender la particularidad de la tradición nipona, Tono Monogatari. Recopilación y difusión de la tradición oral japonesa (Pérez Garrido). También están relacionados El patrimonio etnológico de Japón y Yanagita Kunio (Rodríguez del Alisal) y Una propuesta de interpretación de los cuentos japoneses: el caso de Momotaro (César Rodo). Además, todos hacen referencia a Mitos populares de Japón. Leyendas de Tono, una obra ya clásica de Kunio Yanagita, que podéis  encontrar en la biblioteca.

lunes, 19 de agosto de 2019

Haruki Murakami

Escucha la canción del viento

Escucha la canción del viento y Pinball 1973 (Kaze no uta o kike, 1979. 1973-nen no pinbooru, 1980)
Premio Gunzo para escritores noveles
Al sur de la frontera, al oeste del sol (Kokkyo no minami, taiyo no nishi, 1992)
Hombres sin mujeres (Onna no inai otokotachi, 2014)
Jun Ichikawa, Tony Takitani (2004) Adaptación del cuento homónimo incluido en la recopilación Sauce ciego, mujer dormida (2006)
Premio FIPRESCI y Premio del Jurado Joven. Festival de Locarno


(...) había iniciado mi actual vida como quien dice "en cueros". Empecé a escribir por azares del destino y, afortunadamente, conseguí ganarme la vida con ello.

Si pedimos a cualquier occidental aficionado a la lectura que nombre a un escritor japonés, el primero que vendrá a la mente de la mayoría será, seguramente, Haruki Murakami.
Esa popularidad viene acompañada de múltiples premios literarios nacionales (Noma en 1982, Tanizaki en 1985, Yomiuri en 1996 y Mainichi en 2009) e internacionales (Frank O'Connor de relatos cortos, World Fantasy Award y Franz Kafka en 2006; Hans Christian Andersen 2016) y de reconocimientos honoríficos (Berkeley Japan 2008, Premio Jerusalem y Orden de las Artes y las Letras de España 2009, Premio Internacional Catalunya 2011).
Su constante inclusión en las apuestas al Premio Nobel de Literatura da lugar a múltiples elucubraciones e, incluso, bromas que se repiten cada año. Todo el mundo parece tener una opinión a favor o en contra de este autor. E incluso la traducción al danés de su primera novela ha sido la base de un reciente documental.


Porque nosotros no nos movemos con tanta precisión. Las relaciones entre personas, en particular las relaciones entre hombres y mujeres son..., ¿cómo lo diría?..., una cuestión más general. Algo más ambiguo, más caprichoso, más lastimoso.
Para introducirnos en el universo Murakami, hemos seleccionado obras que recorren cuatro décadas de su narrativa de tono más realista en formatos diferentes: novela corta, novela y cuento. Son buenos ejemplos de las características que recorren su producción y muestran cómo ha evolucionado su capacidad para crear historias, describir personajes y generar ambientes. Sin caer en la caricatura, como en ocasiones se hace al ponerle etiquetas, podemos destacar algunos rasgos comunes a las tres obras:
Al sur de la frontera...
  • Un Japón capitalista e industrializado, en el que las ciudades son espacios que propician el consumo y el desarraigo, donde los personajes llevan vidas monótonas, poco satisfactorias, sin un objetivo decidido por ellos mismos y, por tanto, vacías.
  • Las relaciones de pareja, cargadas de nostalgia y deseo, parecen al principio la forma de romper con ese destino fatal, con la soledad, la parálisis y la sombra de la mediocridad. Sin embargo, el mutismo de los hombres -que pocas veces comparten sus sentimientos, ya sea por su torpeza para expresarlos, temer no ser entendidos o no creer necesitarlo- y su conciencia de sentir una atracción incompleta (quizá, simplemente, se miran demasiado al ombligo) pueden acabar provocando rupturas abruptas y la vuelta a un estado parecido al inicial, con el dolor de una pérdida añadida.
A veces pensaba que llorar me produciría alivio. Pero no sabía por qué llorar. No sabía por quién llorar. Era demasiado egoísta para llorar por los demás, demasiado viejo para llorar por mí.
Al fin y al cabo, perder a una mujer consistía en eso. Perder esos momentos especiales que invalidaban la realidad, aun estando integrados en ella: eso le ofrecían las mujeres. 
  • El silencio, la ausencia, las desapariciones que generan vacíos, el peso del recuerdo y la sombra del pasado como constantes.
Ojalá se hubiera atrevido a preguntarle, cuando estaba viva, la razón por la que, a pesar de todo, se había acostado con otros (...) Pero al final no tuvo valor para abordar el asunto (...) Y ella desapareció del mundo en el que él vivía sin haberle dado ninguna explicación. Preguntas no formuladas y respuestas no concedidas.
  • Protagonistas con elementos biográficos en común con su creador: edad, formación, profesión (traductor, gerente de un bar).
  • Finales abiertos, quizá como un ejemplo más de la indefinición, incertidumbre y desorientación vital que impregna sus historias, o la constatación de que en la vida real estas no terminan en un punto determinado.
  • Sin tratarse de sus narraciones con presencia de lo irreal (aquí no hay universos paralelos ni gatos mágicos), incluyen elementos extraños, diálogos inusuales o coincidencias que invitan a mirar de forma crítica la cotidianeidad.
(...) Vaya, que a veces me da la impresión de que no ocurrió realmente. Es una sensación muy extraña.Como si hubiese sido un sueño muy vívido. Ese tipo de sensación. Ha ocurrido de verdad, pero no parece un hecho real. No sé cómo explicártelo.
Hombres sin mujeres
  • Un lenguaje sencillo y directo, preciso en las descripciones, lírico a veces y otras con frases peligrosamente parecidas a las ocurrencias de Paulo Coelho. Seremos benévolos y pensaremos que es solo un efecto secundario indeseable de la conciencia de Murakami sobre la complejidad y fragmentación del mundo actual, el cambio de valores y el riesgo de pérdida de significado del yo.
  • Influencia de la cultura occidental y, en particular, estadounidense, reflejada en los títulos de los textos (Truman Capote en Escucha la canción del viento; Jimmy Kennedy y Michael Carr en Al sur de la frontera; Ernest Hemingway en Hombres sin mujeres), las omnipresentes bandas sonoras (que denotan los estados de ánimo y los espacios) y las referencias literarias.
-Oye, Hajime -dijo-, fuera del bar apenas escuchas jazz, ¿verdad?
- No mucho. Casi siempre escucho música clásica.
- ¿Por qué?
- No lo sé. Tal vez porque el jazz es parte de mi trabajo. Y al salir de mis locales, prefiero escuchar otro tipo de música. Música clásica, a veces rock. Pero jazz, casi nunca.

¿Resulta más interesante Murakami cuando introduce elementos irreales o fantásticos, como en los cuentos Kino y Samsa enamorado? ¿Pierde fuerza al presentar reflexiones filosóficas que no aportan ideas con demasiado valor? Esperamos vuestras opiniones en la tertulia :-)

sábado, 12 de mayo de 2018

Vidas peculiares

Masahiko Shimada, Me convertiré en momia (1987-1990)
Tetsuya Nakashima, Conociendo a Matsuko (2006)
Premios de la Academia de cine japonés a la mejor actriz, montaje y BSO 2007
Premio Fant-Asia a la mejor película asiática 2007
Mejor actriz 2007 en Mainichi Film Concours, Kinema Jumpo Awards, Hochi Film Awards y Asian Film Awards
Yoshiharu Tsuge, El hombre sin talento (1985)

Los patrones de personalidad que se han considerado 'patológicos' por no adecuarse a las tendencias manifiestas más comunes o a los ideales más dominantes en una sociedad han resultado, analizados con mayor rigor, no ser más que exageraciones de aquello que era casi universal bajo la superficie en esa sociedad.
Theodor W. Adorno, Estudios sobre la personalidad autoritaria (1964)
Presentando a personajes extraños, en apariencia fuera de la norma establecida, las tres obras que proponemos muestran las disfunciones de la sociedad japonesa contemporánea, así como su incapacidad o falta de voluntad para dar respuesta a las necesidades y carencias de personas que, más allá de sus peculiaridades, siguen siendo sujetos de derecho.

Me convertiré en momia reúne cuatro relatos breves, plagados de elementos oníricos, con protagonistas que rechazan activamente pertenecer a la sociedad mayoritaria. Su negación sirve como vehículo para mostrar el perverso absurdo que se encuentra en la base de las instituciones sociales: creencias religiosas, activismo político, mundo académico e intelectual, modelo económico y, sobe todo, adicción al consumo.
" En sí [el dinero, los billetes] no tienen ningún valor, y sin embargo poseen la capacidad de hacer que los hombres trabajen, que se maten, que se vuelvan locos; todos los desean, sin excepción. Basta con tener dinero para que te confieras valores distintos, para que puedas profundizar en las relaciones con los demás."
En esta entrevista de 2005 (en inglés), Shimada abandona su capa de excentricidad para reflexionar sobre la literatura japonesa del último siglo y su relación con el estado sociopolítico del país, con el que se muestra tan crítico como en sus relatos.

"- En una sociedad capitalista, ese monje no tiene ningún sentido, su existencia es inútil.
- Es decir, como un hombre sin talento, ¿no?
- ¡Je, je, je! Eso es.
- O sea, como tú."
El hombre sin talento es un catálogo descarnado de víctimas de una estructura social que relega a sus márgenes a personas marcadas por la decepción. El fracaso que experimentan se muestra de forma explícita.
"- Papa, ¿qué es un bicho?
- Algo que no vale para nada en este mundo.
- Mamá dice que eres un bicho (…)
- … Tiene razón. Un bicho es algo que se parece bastante a tu padre."
Incapaz de adaptarse a las exigencias del entorno, Sukezo Sukegawa, alterego del autor, comparte con el resto de hombres del relato -el pajarero, el librero de segunda mano, el vendedor de antigüedades, el alcohólico experto en piedras, el marido abandonado o el poeta del s. XIX- cierta solidaridad y comprensión. El grupo intenta refugiarse en el pasado para no tener que enfrentar su presente:
"- Todo el día sumergido entre antigüedades… ¡Va a estar bien! Yo mismo terminaría por convertirme en una de ellas. Mi existencia se hundiría en un rincón perdido de la ciudad…"
Al mismo tiempo, quizá nos sorprenda la agudeza que muestran a la hora de reconocer las motivaciones de su conducta:
"- Es un poco como esa actitud tuya de ocultar tu talento. Jugando a ser inútil, logras apartarte de la sociedad."
El manga señala reiteradamente las consecuencias de carecer de una función social reconocida. Tal vez de forma involuntaria, el autor supera la anécdota individual para sistematizar una mirada sobre el modelo social.
"- Si no vendes nada, el resultado es que no haces nada. Es decir, como si estuvieras dormido. ¿Tengo razón?"
En una sociedad excluyente, ellos articulan mecanismos de automarginación como forma de protegerse de su entorno. Convierten la batalla perdida en una decisión consciente, en una defensa de su individualidad.
"- Nadie espera nada de mí ni de mí depende nadie. Me apartan de la sociedad como si fuera un objeto inútil. Como si no existiera. Dejo de ser y soy."
Se trata, por todo ello, de una historia que apenas deja lugar a la esperanza. Como lectores, es difícil que imaginemos un futuro positivo para el niño, que rescata al padre del suicidio o la soledad, pero que no parece disponer de los apoyos necesarios para crecer de forma sana.

"Todas las niñas sueñas con ser Blancanieves, Cenicienta viviendo en un cuento de hadas. Entonces, un día nos despertamos y vemos que nuestro cisne blanco se ha convertido en un cuervo sucio y oscuro. Una vida es todo lo que tenemos. Si esto es un cuento de hadas, es demasiado cruel."
Conociendo a Matsuko es un arriesgado pero maravilloso viaje por la evolución estética del cine japonés y el último tercio del siglo XX. El director mezcla géneros (destaca la unión del musical clásico a estilos de baile contemporáneo, o su capacidad para dar la vuelta a las convenciones del melodrama) y soluciones técnicas (como el montaje de vídeo musical con aportes del cine clásico de animación) a un ritmo tan acelerado que puede dificultar su apreciación.
Seguramente haya que terminar de ver la película para darse cuenta del progresivo cambio de tono dramático y estilístico; solo entonces podemos aceptar que la exageración y velocidad son una decisión consciente, mucho más relacionada con la necesidad de expresar un mensaje que con lo esperpéntico.
El relato insiste en la crítica de la banalización de la vida que conlleva la cultura del espectáculo, representada por la televisión. Además, Nakashima (Kamikaze girls, Confessions) vuelve a mostrar, en un giro final sorprendente, su preocupación por las expresiones de violencia sin motivo y la desorientación de los jóvenes en una sociedad basada en el consumo y la apariencia física.
El segundo elemento que siempre está presente es la pregunta que Matsuko no puede dejar de hacer cuando es víctima de violencia. Su ¿por qué? no tiene respuesta, pero interpela a los agresores e incide en el daño que generan. Como espectadores, nos lamentamos ante un contexto familiar y social que ha convertido a la protagonista en una mujer en búsqueda constante de afecto y reconocimiento, lo que la lleva a establecer relaciones de dependencia:
"No pasa nada. No me importa que me peguen. Es mejor que estar sola (…) No pasa nada. Pégame o mátame. Es mejor que estar sola."

martes, 29 de septiembre de 2015

Novedades Septiembre 2015

Ficción:

 Los amigos, de Kazumi Yumoto. Nocturna, 2015. 

Una novela sobre la muerte que defiende la alegría de vivir

En clase, Yamashita es el gordinflón, Kiyama es tan larguirucho que le llaman «espárrago» y Kawabe, el raro que cada vez que habla de su padre se inventa una profesión distinta. Los tres tienen doce años y una vida normal... hasta que la abuela de Yamashita muere. Entonces experimentan una súbita curiosidad por la muerte: ¿qué pasará después?, ¿qué expresión se le quedará a uno al morir?, ¿existirán los espíritus?

En busca de respuestas, deciden espiar a un anciano que vive cerca del colegio porque han oído comentar a un adulto que morirá pronto. Sólo es cuestión de organizarse para no perderle de vista. Y de que él no se dé cuenta, claro.

Nada más publicarse en Japón, esta cálida y divertida novela se convirtió en un éxito fulminante: se tradujo a 14 idiomas, el director Shinji Somai la llevó al cine, obtuvo el premio JAWC al nuevo talento y en Estados Unidos ganó otros dos premios: el Boston Globe-Horn Book y el Mildred L. Batchelder. (Reseña de la editorial)



Aki Monogatari: el misterio de la gruta amarilla, de Carlos Bassas del Rey; ilustraciones de Angélica López de la Manzanara. Quaterni, 2015. 

El viejo maestro Miyamoto, Investigador de Asuntos Especiales del clan Date, prepara su viaje a Edo en compañía de Aki, su recién nombrado Ayudante Oficial, y de Ichiro, su nuevo vasallo, para impartir lecciones de esgrima al shōgun. Una vez allí, el señor Yagyū, el jefe del servicio secreto de espionaje del régimen, le pide que investigue la misteriosa desaparición de Kido Hanshichi, el cazador de yōkai de los Tokugawa.

Tras sus primeras averiguaciones, Miyamoto y Aki constatan que, además de Hanshichi, otros diez campesinos, entre los que figura un niño, llevan algún tiempo ausentes… ¿Acaso alguien o algo los está cazando? Para resolver el misterio cuentan con una única pista: un extraño mapa en el que el Investigador del shōgun ha señalado un punto oculto en las montañas cercanas: «La gruta amarilla».
Aki Monogatari es una novela de aventuras fielmente ambientada en el Japón de principios del siglo XVII, un país en el que todo está cambiando: desde el nuevo sistema de gobierno instaurado por los Tokugawa tras su victoria en la batalla de Sekigahara, hasta el estilo de vida de la clase samurái, cuya razón de ser pierde poco a poco su sentido frente al largo periodo de paz que se avecina.

Un apasionante relato que hará las delicias de todo tipo de lectores, desde los fans de la novela histórica y de aventuras, como aquellos enamorados del lejano oriente y sus tradiciones, pasando por jóvenes y adultos que disfrutan con las novelas de misterio. (Reseña de la editorial)

martes, 12 de mayo de 2015

Novedades Abril-Mayo 2015



No novela:

El cantar de Heike. Volumen 1, de Eiji Yoshikawa. Ilustraciones de Jin Taira. Satori, 2015

El cantar de Heike de Yoshikawa Eiji es una versión moderna e ilustrada del clásico medieval del siglo XIII Heike Monogatari (平家物語) una épica historia llena de pasión, traición y heroísmo que relata los enfrentamientos de dos clanes rivales de samuráis: los Heike y los Genji. El cantar de Heike es una saga de 9 volúmenes que se publicó por entregas entre 1950 y 1957 y que alcanzó gran popularidad en Japón, razón por la cual se adaptó al cine en 1955 de la mano de Mizoguchi Kenji. Yoshikawa, uno de los escritores de novela histórica más populares de Japón, dedicó 15 años de su vida a recrear El cantar de Heike, inspirándose en la popular epopeya medieval pero adaptándola y modernizándola para atrapar al lector y despertarle el interés por las novelas históricas. La alternancia del auge y el declive es una ley del universo. La prosperidad eterna no existe. El día de la derrota es el inicio de la victoria; y el día de la victoria es el inicio de la derrota que se experimentará algún día. El cantar de Heike describe el Japón de finales del siglo XII, en el que los clanes rivales de samuráis Heike y Genji mantienen una encarnizada lucha por el poder hasta el fulgurante ascenso y trágico final de la familia Heike. El cantar de Heike es una “épica historia de ambición y heroísmo, de traiciones y pasiones” cuyos personajes te agarran fuertemente de la mano y te sumergen en un mundo único y sensacional. Fue una mañana en la que los dos contemplaron vagamente cómo su futuro se proyectaba desde su pasado, el extraño destino que los había unido y la cadena de sangre de los seres humanos que continuaría sin fin. Si los personajes te agarran fuertemente de la mano, las letras de Yoshikawa lo hacen con una dulzura y una suavidad impresionantes, especialmente teniendo en cuenta de que se trata de un relato histórico. Algunas frases, algunos párrafos, son casi poéticos y demuestran que el autor realmente disfrutó de poder relatar, con su propio estilo, una época apasionante en la que se forjaron los héroes de una nación. La mezcla es espectacular y consigue que realmente nos olvidemos de quiénes somos y que participemos, como un personaje más, de la saga. A diferencia de las luces de las luciérnagas que iluminaban bellamente la oscuridad de la noche de los hombres, las luces de esas hogueras eran la conflagración de los hombres mismos que constituirían una lúgubre amenaza al día siguiente. Hasta ahora, tan sólo se habían publicado fuera de Japón versiones resumidas de El cantar de Heike de Yoshikawa Eiji y nadie se había atrevido a traducir y publicar la saga completa. Pero ahora Satori Ediciones publica el primer volumen dividido en dos: “La hierba bajo la tierra ” y “El palacio Imperial”, dejando bien claro que apuesta por la novela histórica y en concreto por el universo de Yoshikawa con su intención de traducir y editar los nueve volúmenes que completan la saga. Como siempre, la traducción a cargo de Sato Rumi se hace directamente del japonés y las ilustraciones son del artista hispano-japonés Taira Jin. Además, esta cuidadísima edición cuenta con un glosario, árboles genealógicos, mapas y explicaciones sobre el cómputo del tiempo.



Artículo publicado en Japonismo: El cantar de Heike, una epopeya modernizada de Yoshikawa Eiji http://japonismo.com/blog/el-cantar-de-heike-yoshikawa-eiji




[re]Tokio, de Jin Taira. Satori, 2011


[re]TOKIO tiene por objeto el descubrir al lector una de las ciudades más enigmáticas del mundo. El estudio navega en una gran vorágine del cambio, desentrañado a través de 33 capítulos las claves de su nacimiento, crecimiento, estado actual y las líneas de mutación a las que la gran urbe está abocada.

Tras un largo devenir, el espacio urbano de Tokio ha sufrido diferentes transformaciones. En el presente libro, esta capa histórica se describe empleando el concepto de [re]DEFINICIÓN para analizar principalmente los procesos de transformación desde la perspectiva de la arquitectura y el planeamiento urbano. Estos espacios varían a lo largo del tiempo. Los planes e intenciones de los hacedores son la fuerza motriz a través de la cual la ciudad se transforma bajo su influencia, reduciendo esta relación de

transformación a un conjunto de verbos y atributos. Estos se han coleccionado, clasificado y catalogado. [re]TOKIO recurre a este sistema lógico para analizar la transición espacial de Edo a Tokio. (Reseña de la editorial)




Japón 1941: el camino a Pearl Harbor, de Eri Hotta. Galaxia Gutenberg, 2015
Cuando Japón inició las hostilidades contra Estados Unidos en 1941, la mayor parte de sus líderes comprendieron que estaban entrando en una guerra que seguramente perderían. Basándose en documentos prácticamente desconocidos hasta ahora, Eri Hotta plantea una pregunta esencial: ¿por qué esos hombres pusieron innecesariamente en peligro a su país y a sus ciudadanos? A través de los personajes que llevaron al país a la conflagración, la autora nos muestra un Japón oculto que deseaba evitar la guerra, pero estaba plagado de tensiones con Occidente, cegado por un militarismo temerario que descansaba en nociones tradicionales de orgullo y honor, y tentado por el insensato sueño de una gran victoria, por improbable que fuera. Retrata una cúpula de poder llena de ambición territorial y arrogancia: muchos de los que trataron de evitar la guerra con Estados Unidos siguieron apoyando el expansionismo asiático, esperando continuar, la ocupación de China que comenzó en 1931, y sin querer aceptar la creciente repulsa de Washington respecto a sus incursiones continentales. A pesar de que los diplomáticos japoneses continuaron negociando con el Gobierno de Roosevelt, Matsuoka Yosuke -el ególatra ministro de Asuntos Exteriores que cortejó tanto a Stalin como a Hitler- y sus seguidores consolidaron el lugar de Japón en la alianza fascista con Alemania e Italia, sin ser conscientes (o sin que les importara) que, al hacerlo, destruían la bona fides de su país con Occidente. Hotta desmonta setenta años de mitología histórica, tanto japonesa como occidental, y nos muestra a los líderes japoneses, divididos y llenos de dudas, en los meses precedentes al ataque. Más preocupados por salvar su propia piel que por salvar vidas humanas, se vieron finalmente arrastrados a la guerra tanto por la incompetencia y la falta de voluntad políticas como por la belicosidad que les caracterizaba. Imprescindible para cualquier lector interesado en la Segunda Guerra Mundial, este libro cambiará radicalmente nuestra forma de entender el inicio de la contienda. (Reseña de la editorial)



El viaje de los pingüinos, de Satoe Tone. SM, 2014.

La Tierra se calienta y el polo empieza a derretirse. Un grupo de ochenta y cuatro pingüinos decide ir a vivir a otra parte: primero van al mar, pero está contaminado; luego buscan las verdes praderas, pero allí solo hay fábricas; más tarde deciden ir al bosque, pero esta deforestado...

Un álbum de Satoe Tone, la ilustradora que obtuvo en 2013 el Premio Bologna Ragazzi-Fundación SM, en el que se explica a los niños que entre todos debemos cuidar nuestro planeta, que es nuestra casa.




Mushashino, de Doppo Kunikida. Ardicia, 2014. 160 p. 

La legendaria llanura de Musashino sirve de escenario a esta colección de historias en las que el japonés Doppo Kunikida confronta los misterios de la naturaleza con los de la condición humana, al tiempo que elabora una conmovedora defensa de la vida sencilla y del camino que nos lleva a perseguir su esencia y sus valores fundamentales. Musashino es una preciosa invitación a la necesidad de alcanzar un equilibrio entre todo cuanto nos rodea y nuestra propia experiencia individual.


De trasfondo más o menos autobiográfico, los relatos de Kunikida, uno de los principales cultivadores de la literatura naturalista nipona, están habitados por personajes solitarios a quienes el efecto consolador del paisaje, la magia de un encuentro casual o una vivencia compartida hacen trascender definitivamente su condición, iluminando para siempre su memoria. (Reseña de la editorial)